Punto de Encuentro

CON O SIN VOTO PREFERENCIAL

Si eliminar el voto preferencial es el mejor fruto del último diálogo de la pareja presidencial con algunos líderes políticos, sólo puedo concluir que la finalidad de la convocatoria es distraer a la opinión pública de las acusaciones contra el gobierno. Lo digo porque se trata de un falso debate, es como construir un segundo piso sin el primero.

Veamos, en Chile, recién para el proceso electoral pasado se instauraron elecciones primarias voluntarias y universales; es decir, la población elige quiénes serán los candidatos presidenciales y congresales que integrarán las listas de los diferentes frentes o partidos. En estas elecciones internas puede votar cualquier ciudadano siempre y cuando no milite en otro partido, esa es la única limitación.

El Perú es diferente porque no hay institucionalidad, casi no hay partidos dignos de llamarse tales y las primarias son una caricatura. También a este nivel, la informalidad se ha apropiado de la escena y lo que tenemos, más bien, es que los puestos en las listas parlamentarias son comprados por sujetos con un interés básicamente utilitario en la política.

En el mejor de los casos puede tratarse de un empresario exitoso proveniente del sector informal -como es el caso de los Acuña- que en la campaña, sin ningún empacho, ofrecerá becas y hasta recompensas económicas a quienes lo apoyen. En el peor, se tratará de candidatos que representan actividades ilícitas como la minería informal o el narcotráfico, sicarios de por medio para lo que hubiere lugar. Igual que en las regionales.

La negociación es abierta y descarnada, te doy tanto por el puesto en tu lista. Los conceptos de “servicio a la comunidad” y “servicio público” o no se mencionan o no se conocen, para no hablar del de “padre de la patria”.

De más está señalar que el objetivo que se busca de la curul o el cargo público es el beneficio personal y del entorno a expensas del Estado. Así es como se abre paso nuestra versión contemporánea del viejo patrimonialismo de los tiempos de Ramón Castilla.

Por eso me da igual que haya o no voto preferencial, no pienso discutirlo. Sí hay voto preferencial, el comeoro comprará un puesto en la lista sin importarle tanto qué lugar ocupe dentro de ella; si no hay voto preferencial, entonces los comeoro pulsarán entre sí y la adjudicación de los primeros lugares en la lista será una subasta: el que da más va primero, listo.

Más bien, debemos comenzar construyendo nuestro primer peldaño: fortalecer e institucionalizar los partidos y que las primarias sean tales y no una caricatura. Qué el pueblo, democráticamente, elija sus candidatos y que “comeoro”, por último, se tome la molestia o de militar, o de fundar un partido cumpliendo requisitos básicos (igual me late que algo se le ocurrirá para burlar la ley).

En todo caso, el fortalecimiento de los partidos políticos es el primer paso. De la conveniencia o no del voto preferencial conversemos después, cuando nuestra reforma política sea una realidad y no porque el gobierno necesita un respiro.

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