Pensando en el Estado en el Perú y en la dramática realidad política peruana, vino a mi mente el caso de las Grayas. Deidades preolímpicas que aparecen en el mito griego de Perseo. Y pensé en el principio de separación de poderes.
Las tres hermanas, nacidas ya viejas, poseían entre las tres un solo ojo y un solo diente. De modo que solo una podía ver o comer en un momento dado y se prestaban el ojo o el diente una a otra.
En ese mismo mito, Medusa era un personaje temible porque convertía en piedra a aquel que la mirase directamente. Y como las Grayassabían dónde vivía Medusa, Perseo -en su búsqueda de ella- las visita, entonces, para que le indiquen su paradero. Y el héroe, mediante un ardid y para lograr su cometido, les arrebata el ojo y el diente, obligándolas así a darle la información que deseaba.
¿Qué tiene que ver esto con el Estado en el Perú? En una democracia hay separación e independencia de poderes. El poder ejecutivo es independiente del legislativo y el poder judicial también es independiente y autónomo. La garantía de la vida democrática.
¿Sucede esto en el Perú de nuestros tiempos? Hechos recientes, y no tan recientes, nos muestran que la tan mentada independencia es, por lo menos, dudosa. Lo que dice y hace el poder ejecutivo es dicho y hecho –aun cuando sea con variantes- por los otros poderes. Basta observar últimos acontecimientos para comprobarlo.
Es como si todos los poderes tuvieran un solo ojo que se pasan de uno a otro. Ven lo mismo, de igual forma.
Es como si todos los poderes tuvieran un solo diente: comen del Estado. Legal o corruptamente.
Cuando las visiones autoritarias del Poder se anteponen a las esencias democráticas los poderes en el Estado peruano son como las Grayas. Ven lo mismo con solo un ojo y comen de lo mismo con un solo diente. Se prestan ojo y diente constantemente. Solo que a veces –y a diferencia de las Grayas- ni siquiera mantienen un orden ritual y conveniente para ver y comer. De allí que para la percepción popular –no distante de la realidad- la separación de poderes deviene en inexistente.
Es un solo poder. ¿El de quién? No es espacio este para dilucidarlo, aunque podamos sospecharlo con toda legitimidad. Es el poder de “alguien”.
Habría que decirle a cada instante a ese o esa “alguien” y a los gobernantes de turno en general que el Poder no es eterno. Como se hacía en Roma cuando un general desfilaba victorioso por las calles. Tras él un siervo le repetía constantemente memento mori(recuerda que morirás). Ni la vida ni el Poder son eternos.También Luis XVI y María Antonieta o Nicolás II y Alejandra pensaron que el Estado absolutista era eterno e inmodificable. Y ya sabemos lo que pasó.
Afianzar y fortalecer la independencia de poderes es fundamental para la vida democrática. Triste sino el de aquel Estado –caminoa ser fallido democráticamente- si las ambiciones de algunos hacen del Estado un símil con las peligrosas Grayas.