Punto de Encuentro

Aprendamos a ordenar el territorio y gestionar los riesgos

Cada vez que desastres como huaycos, deslizamientos, inundaciones, sismos o terremotos ocurren en nuestro territorio quedamos ciertamente consternados por los grandes daños que generan a la población, la infraestructura y las actividades económicas y tratamos de ayudar en lo posible a la recuperación de las zonas afectadas como nuestro sentido humanitario manda. Sin embargo, pocos nos ponemos a pensar que muchos de los daños causados pudieron ser evitados o gestionados adecuadamente, siguiendo las herramientas de ordenamiento territorial y gestión de riesgos con las que ya contamos y que lamentablemente nuestras autoridades y la propia población no aplican.

El Perú se ha caracterizado siempre por un crecimiento poblacional desordenado, en el que por un lado tenemos población que evade las ordenanzas municipales, las normas de seguridad e invade zonas no aptas para el asentamiento urbano; y por el otro tenemos autoridades que no hacen cumplir las disposiciones, que benefician a empresas constructoras con ordenanzas con nombre propio o que simplemente desconocen cómo lograr un adecuado ordenamiento de su jurisdicción.

Es cierto que no podemos predecir cuándo ocurrirá un desastre pero lo que podemos hacer es disminuir nuestra vulnerabilidad ante él. Por ejemplo, en el caso del el Fenómeno El Niño sabemos que este ocurre cada 4 o 5 años, sabemos cuáles son las zonas más afectadas por las lluvias y cuáles son los principales daños; sin embargo, todavía seguimos siendo altamente vulnerables ante su ocurrencia.

En la gestión de riesgos debe diferenciarse dos términos: amenaza y vulnerabilidad. De acuerdo a las definiciones que maneja el MIINAM, la amenaza es la probabilidad de que un fenómeno físico potencialmente dañino, se presente en un lugar específico, con una cierta intensidad, un periodo de tiempo y una frecuencia definidos. Por otro lado, la vulnerabilidad es la susceptibilidad de la población, la estructura física, las actividades socioeconómicas y el medioambiente de sufrir daños por acción de un peligro o amenaza.

Las amenazas escapan de nuestro control, sin embargo, las vulnerabilidades causadas por el uso y ocupación inadecuada del suelo, el aumento de la población y el incumplimiento de reglamentos urbanísticos y de construcción, pueden ser gestionadas adecuadamente para disminuir los riesgos.

La gestión de riesgos está incluida en la Ley que crea el SINAGERD, Ley N° 29664. Esta ley recomienda que la gestión de riesgos se debe hacer en base a 7 procesos: Estimación (evaluación cuantitativa de las amenazas, medir el riesgo y localizarlo), prevención (crear zonificaciones, ordenanzas, leyes), reducción (diagnosticar en detalle las zonas expuestas al riesgo y tomar acciones mitigatorias), preparación (proceso previo a la ocurrencia de algún desastre incluyendo planes de evacuación y simulacros), respuesta (como el Estado reacciona ante el desastre, la ayuda humanitaria), rehabilitación (medidas para reestablecer los servicios básicos como agua, saneamiento y transporte a corto plazo) y reconstrucción (reconstruir de manera eficiente y eficaz).

Desde el 2011 contamos con un mapa de Susceptibilidad Física, el cual fue actualizado el 2013, refinando la escala para su uso en gobiernos regionales. Por otro lado, desde el 2013 y bajo la R.M. N° 135-MINAM-2013, los gobiernos regionales y municipalidades distritales tienen como exigencia elaborar Zonificaciones Económica y Ecológicas (ZEE) incluyendo la gestión de riesgos, las cuales deben ser seguidas por un conjunto Estudios Especializados referentes a la problemática local.

Las herramientas están allí, es deber de la población elegir a autoridades capaces de planificar adecuadamente el ordenamiento del territorio y gestionar los riesgos de su jurisdicción y por otro, asumir la responsabilidad de cumplir como ciudadano todas las ordenanzas y normativas del lugar donde quieran vivir.

Los daños que están siendo causados en diversas partes del Perú deben constituir una lección y oportunidad de mejora para los gobiernos locales y regionales. No debe permitirse hechos como los ocurridos tras el terremoto de Pisco, que sabiendo la vulnerabilidad de ciertas zonas los pobladores vuelven a construir las casas en el mismo lugar y con materiales que no soportarán nuevamente un desastre similar.  ¡A unir esfuerzos y mejorar de ahora en adelante!

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