Hasta que tuve a mi cargo la jefatura de DEVIDA (agosto 2011-enero 2012), se originó un fuerte debate en torno a la existencia de 50,000 hás de cultivos de coca en la baja Amazonía peruana, cuestión que desestimamos por tratarse de un intento de llamar la atención del Gobierno e incrementar el presupuesto al Gobierno Regional y a la Policía. Entonces sosteníamos que no era posible la existencia de esa cantidad de hás de coca, porque no había la mano de obra capaz de soportarla, a no ser que se tratara del almacenamiento de cultivos de coca para épocas de crisis o creciente interdicción. Posteriormente, las cosas han vuelto a su justo equilibrio pero resulta que el escenario fronterizo se ha complicado, por una serie de factores que han llevado a poner el Trapecio Amazónico como un peligroso escenario regional: la conducción del proceso de paz en Colombia, los cambios de dinámica del narcotráfico y los nuevos mercados en el Sur.
De ningún modo esto significa desconocer la preocupación que tenemos por lo que ocurre en la Triple frontera del Trapecio Amazónico, en especial en la parte peruana a orillas del río Putumayo, desde Soplín Vargas hasta Santa Rosa mismo y de allí por el río Yavarí, en la frontera con Brasil. Para empezar, nos encontramos con la confluencia de las dos mayores autopistas fluviales que conducen de los valles de producción de coca en Colombia y Perú, hacia el Atlántico y Africa Occidental: el Putumayo y el Marañon/Ucayali, posteriormente el gran río Amazonas. En segundo lugar, nos encontramos frente a una nueva dinámica del narcotráfico en América del Sur, donde Brasil es un punto focal muy particular: se ha convertido en el segundo consumidor mundial de PBC y punto de transición de la droga, hacia África Occidental y Europa.
Recientemente, han ocurrido dos hechos preocupantes en la región. El primero, la emboscada y muerte del Mayor PNP Rudy Falcón Salguero de la DIRANDRO, por parte de organizaciones de traficantes tri nacionales que operan en el río Atacuari. Frente a esto, se dice que se viene una fuerte interdicción en la zona, con participación incluso de elementos de Policía y Fuerzas Armadas de Colombia. La verdad es que en general, la situación de inseguridad se ha incrementado en el Oriente peruano, incluidos los casos de piratería de río, contrabando de bienes y combustible. Particular importancia la de Caballococha, Cuchillococha, entre otras localidades.
Ahora bien, la situación del narcotráfico se ha visto modificada por los factores que han sido descritos al inicio de este artículo y ni las acciones realizadas por el Gobierno, como puede ser la continuación de la erradicación de coca hasta llegar a las 30,000 hás a finales de año, o los cambios ocurridos finalmente en DEVIDA, van a cambiar un ápice las tendencias que vivimos:
i) Gran parte de la Selva Alta y la Amazonía peruanas se están viendo penetradas en lo más profundo por las acciones de cultivo, procesamiento y transporte de la droga, con mayor énfasis en las zonas fronterizas del país;
ii) El sistema criminal peruano debe optar por cambiar a profundidad, sus políticas y doctrinas de persecución del crimen organizado;
iii) Las acciones de cooperación que desarrollemos con Colombia y Brasil, no deben promover una mayor militarización de la zona y mucho menos la vulneración de derechos de la población, especialmente la campesina e indígena.