Su Santidad, el Papa Francisco expresa reiteradamente su preocupación por la indiferencia humana, por la pérdida del sentido real de la vida, tal es así que al iniciar la Cuaresma de este año lo abrevia perfectamente en que estamos viviendo la globalización de la indiferencia, a decir verdad se quedó corto con lo que vendría después … Ciento cuarenta y ocho personas asesinadas salvajemente por su fe en la Universidad de Garissa en Kenia , traería consigo no sólo mucho dolor para los cristianos del mundo sino también el verdadero significado de la preocupación de nuestro Sumo Pontífice.
Entre el calvario de Cristo y la matanza de sus feligreses en Kenia durante la Semana Santa existe 2000 años de diferencia, en el caso de ambos perseguidos y crucificados por su fe, resulta aterrador afirmar que la humanidad no ha evolucionado, me salta la gran interrogante si es que volvemos o nos mantenemos en tiempos de barbarie e injusticia, donde alrededor del mundo existen hombres y mujeres esposados, torturados, en las manos de sus semejantes que brutos y llenos de odio se abandonan a todo tipo de crueldad física y psicológica, disfrutando de su sufrimiento. Para respondernos no es necesario pensar en esta matanza en Kenia basta con ver cualquier noticiero local, obtenga Usted su propia respuesta.
Regresando al punto, la comunidad internacional ha reaccionado con un silencio más que cómplice, vergonzoso diría yo ante este hecho en específico. ¿A qué se debe? Quizá por el escaso razonamiento de clasificar a las víctimas por su nacionalidad, credo o color de piel, ojalá que me equivoque, cuando lo que debemos hacer es rechazar y alzar nuestras voces desde nuestros espacios ante la frialdad que derrama sangre de inocentes en nombre de una verdad retorcida de la religión, digamos NO a la globalización de la indiferencia.