Un domingo como hoy -hace 23 años- amanecimos bajo la sombra de tanques y fusiles, y a lo largo de la capital se divisaba a cientos de soldados, muchos de ellos con el rostro cubierto, como si de una operación de asalto se tratase, dejando de lado la noble misión encomendada por la constitución que es la de velar por la soberanía e integridad de nuestra nación; sin embargo, al mando de un dictador como lo fue Alberto Fujimori, tuvo que claudicar a sus principios y someterse a la línea de mando.
Imágenes imborrables saltan a la memoria, como Roberto Ramírez del Villar, presidente de la cámara de diputados, tras las rejas de su casa, por haberse ordenado arresto domiciliario en su contra; Raúl Ferrero Costa, decano del colegio de abogados de lima, siendo agredido por efectivos policiales; Armando Villanueva del Campo siendo reprimido por bombas lacrimógenas a la entrada del Congreso; el pseudo incautamiento de armamento en el local del Partido Aprista Peruano; la persecución contra el Ex Presidente Alan García; los empujones y agresión hacia Felipe Osterling, presidente del Senado y del Congreso, en su pretensión por convocar junta de portavoces; el secuestro al Periodista Gustavo Gorriti, decenas de demócratas golpeados, y disparos al aire con finalidad represiva.
El “Gobierno de Emergencia y Reconstrucción Nacional”, así lo denominó el dictador Fujimori, cuando, lo que en realidad se efectuó era la destrucción del sistema de partidos políticos junto a la institucionalidad del Poder Judicial, y otros aparatos administradores de justicia. Se perpetró el mayor atentado contra la democracia en aquel fatídico día, sin medios de comunicación independientes, y con bastante recelo por parte del gobierno de facto contra la prensa extranjera, además, se habían suspendido las garantías constitucionales mínimas del Estado de Derecho, como lo es la libertad de reunión, expresión, y manifestación.
Diversos eran los motivos que argüía el dictador Fujimori, que iban desde la supuesta inestabilidad que sufría su gobierno a causa de la oposición, hasta la implosión social que se vivía por el terrorismo; sin embargo, no asumió el encargo que la población le encargo, que era la defensa irrestricta de la constitución, y sobre todo la libertad de los millones de peruanos.
Hoy, conocemos la verdadera historia detrás del deleznable autogolpe del 05 de Abril de 1992, que no era otra cosa que perpetuarse en el poder, y orquestar un aparato siniestro dedicado a desfalcar las arcas estatales, con afanes egoístas. Pero, la historia es cruel y sabia a la vez, pues hoy vemos al dictador recluido en un penal “singular”, pues nunca se pensó diseñar un centro penitenciario para altos funcionarios, menos aún para un presidente, quien no solo defraudo la confianza del país, sino que pisoteo la esperanza de poder construir un sistema democrático fuerte.
De aquella historia, nos queda el recuerdo para algunos, y el desconocimiento para muchos, es nuestro deber no sólo recordarlo cada 05 de abril, sino en todo momento de nuestra vida democrática, pues, la libertad es un derecho invaluable, que no puede ser capturada bajo ninguna circunstancia, esperemos, por el bien de nuestro país, que esta historia, nunca más se repita.