La administración Humala ha vuelto a sufrir un atentado que se le originó en su propia casa. Todo comenzó por la improvisación de un presidente que tuvo un plan de gobierno para la primera vuelta y uno distinto para la segunda. Un hombre que tuvo de todo menos una visión clara de lo que necesitaba el país. Un partido sin experiencia de gobierno, personas sin experiencia de gestión. Entonces, no supo utilizar las herramientas políticas que el mismo aparato estatal le dio.
El primer ministro es, en nuestro país, un cargo político que facilita el trabajo del ejecutivo al presidente, es el representante del gabinete. Es el encargado político en caso de alguna crisis, por eso hay que saberlo usar, con cuidado, porque se pueden convertir en fusibles que una vez quemados ya no se pueden prender. Eso le pasó al presidente Ollanta Humala, su inexperiencia, su ineptitud política, ha ocasionado que sus primeros ministros, quienes deberían ser su mano derecha, funcionen como fusibles. Fueron, hasta ahora, una especie de bomberos que apagaban el fuego ocasionado por este gobierno de nefasta gestión. Salomón Lerner, quien fue el primer ministro de aquel gabinete mal compuesto por perro, ratón y gato (García Naranjo y Castilla, por ejemplo) se quemó a los 135 días. Óscar Valdés duró un poco más, 226 días, pero su intransigencia lo debilitó. Juan Jiménez, ha sido el ministro que más le ha durado al presidente, 463 días, luego Cesar Villanueva con 116, René Cornejo con 148. Todos fusibles, todos quemaditos, ese es el producto de la pésima ecuación de colocar en un cargo político a personas que no tienen peso político, personas técnicas en mucho de los casos. Esto hizo que el gobierno se quedase sin cuadros, sin peso.
Luego, con Ana Jara acertó en colocar a una persona que tenía cierto peso político. Duró 251 días. Que le quede claro al señor presidente, Jara cae por la propia ineptitud del gobierno. Escándalos tras escándalos, los espionajes de la DINI que ni la misma ministra sabía, la pobre gestión del gobierno, el desgaste de la figura presidencial, el desgaste de Gana Perú, el cambio de gabinete (Donde sale el indeseable de Urresti); es decir, el gabinete Jara ya era un gabinete parchado, herido, solo estaba esperando la estocada final. Hace 52 años que no se censuraba a un primer ministro, por eso fue una censura histórica que quedará puesta por siempre en la vitrina de la vergüenza nacional, vaya logro de Gana Perú ¿Ana Jara se merecía la censura? Ella como persona creo que no, pero la censura es compresible, estamos ante un gobierno que ha perdido todo tipo de credibilidad, un gobierno incompetente, con poco espíritu democrático (Esto por los espionajes y chuponeos a los adversarios políticos), con pocos buenos cuadros técnicos, en fin. Ana Jara no solo pasó a la vitrina de la vergüenza nacional, sino es, ahora, un fusible quemado más.
Ollanta tiene mucho por pensar, esperemos que el actual primer ministro, Pedro Cateriano, sea una persona capaz de poder superar esta crisis política que comenzó desde que Ollanta pisó el palacio de gobierno. No quiero ser ave de mal agüero, pero dudo muchísimo que el gabinete estrenado sea el último. El Gobierno conyugal tiene, por lo menos, para dos fusibles más.