Ha quedado confirmado, a propósito de lo sucedido en Chosica, que la administración pública no tiene aún la capacidad para enfrentar las consecuencias de los desastres producidos por los efectos de la naturaleza. No aprendimos nada del Terremoto del 2007.
Pero no sólo no es capaz de manejar las consecuencias de un hecho natural imprevisto sino que tampoco es capaz de enfrentar los problemas que afectan de manera recurrente: Esos problemas que son estacionales, esos que todos los años suceden en la misma época, esos cuyas consecuencias cobran vidas y afectan profundamente a pobladores que por siglos se mantienen en la miseria.
Todos sabemos que en invierno hace frío, no?
Sabemos que el invierno en la sierra no es como el invierno en Lima, sabemos que existen temporadas de lluvias que no son de igual intensidad en todas las regiones. Sabemos que el calor no es igual en el norte o en la selva que en Lima. Sabemos eso.
Pues bien, también sabemos que en nuestro país, se presentan temporadas de friaje y heladas en los meses que van de mayo a setiembre. En esos meses la temperatura en la sierra puede bajar hasta a menos 20 grados. Y la helada no solo afecta a las personas —principalmente a los niños y adultos mayores— sino también los medios de vida de los pobladores. Sabemos eso, sin embargo todos los años, peruanos en la sierra mueren de frío. Mueren personas y mueren sus animales que les sirven de sustento. Es decir, las consecuencias del intenso frío mal gestionadas por el Estado afectan a la sociedad y su desarrollo.
Según los documentos oficiales Puno es el departamento que presenta la mayor cantidad de damnificados debido a las heladas. Otros departamentos afectados son Apurímac, Cusco, Huancavelica, Junín, Pasco, Cajamarca, Ayacucho.
Sabemos todo eso. Todo está muy bien diagnosticado e identificado, sin embargo, las políticas públicas eficaces o están ausentes o son insuficientes. La “medida pública” que sí vemos que se ejecuta todos los años es la de “una ayudita por favor”.
Como ciudadana peruana, me resulta indignante que como un gran gesto estatal el Presidente de la República mande ponchitos a los adultos mayores para que no tengan frío. ¿Mandar ponchos es una política pública? ¡¿Eso es una política pública?! ¿Pedir ayuda a los limeños para que donen frazadas es una política pública? Alguno de nosotros que vive en Lima tiene las mantas necesarias para proteger a la gente de una temperatura de menos 5, 10, 20 grados?
Como servidora pública me resulta inconcebible que después de decenas y decenas de años no hayamos podido todavía gestionar esta problemática de manera eficaz. Como políticas públicas existen proyectos de cocinas mejoradas o la entrega de kits de cocinas a gas que vienen con sus vales de descuento para comprar el gas! ¿Eso es lo mejor que podemos hacer?
¿Por qué los proyectos grandes no pueden ser de una vez ejecutados? ¿Por qué la electrificación rural no es ya una realidad en todas las zonas pobres del país? ¿Muy caro? ¿Más barato sale el entierro? ¿Por qué los proyectos de casas con paneles solares no son políticas estatales ejecutadas masivamente para atender eficazmente las necesidades de la población que cada año muere de frío? ¿Por qué el Estado, como parte de una política pública, no convoca a los colegios de ingenieros y de arquitectos para que trabajen en el diseño e implementación de las casas calientes? ¿Qué nivel del sueño duermen esos proyectos de electrificación rural por energías renovables? O, mejor dicho ¿en qué fase de ejecución se encuentran? ¿Todavía en la etapa de las consultorías? ¿Acaso no es por todos sabido que la electrificación es el motor del desarrollo económico, con lo cual se disminuye la pobreza y por tanto se mejora la calidad de vida?
Ya viene mayo, ya viene el invierno, ¿nuevamente estaremos pidiendo “una ayudita” para atender a los afectados por el frío? ¿Un año más, en el que nuevamente morirán de frío más peruanos?