En nuestro artículo publicado la semana pasada, vimos como algunas incongruencias normativas pueden generar un fuerte impacto en un proceso electoral. Continuemos esta semana por esa misma senda.
Imaginemos querido lector que el caro anhelado deseo de los todos los peruanos de contar con partidos sólidos pasa repentinamente, a ser un objetivo primordial de nuestra clase política y en tal sentido, desde la parcela congresal se anuncian reformas normativas que (dizque) sentarán las bases sobre las cuales se estructurarán organizaciones políticas sólidas y sobre todo, democráticas y representativas.
Cabría preguntarse por qué decimos caro anhelo. Entiendo que ello amerita una explicación y con tal fin consideramos pertinente hacer una breve reseña sobre el actual estado de los partidos políticos, reseña que de otro lado bien podría ser el listado de causas que demandan la ansiada reforma.
Empecemos: a) Los partidos no son democráticos. Operan bajo la figura de un presidente que se comporta más como dueño que como presidente de un colectivo ciudadano, se comportan como caciquesantes que líderes democráticos; b) Otra manifestación de la conducta antidemocrática se ve reflejada en el hecho que los partidos no renuevan periódicamente a sus cargos directivos. De un lado la mayoría de partidos tienes a sus directivos con mandato vencido o cuando éstos pasan por procesos internos únicamente resultan para justificar la reelección de la elite partidaria; c) Una tercera característica de partidos poco democráticos, se pone de manifiesto en la ausencia de democracia interna para la elección de candidatos a cargos de elección popular.Meras simulaciones sirven de sustento para la confección de listas de candidatos y paupérrimas autoridades electas son un fiel reflejo de lo dicho; d) Ante una evidente ausencia de filtros de selección de candidatos, cualquierapuede asumir una candidatura sin que al partido le importe su pasado ni se haga responsable de sus omisiones o falsedades que se consignan en las hojas de vida. ¿Es necesario mencionar ejemplos?
Pero nuestra breve reseña no se agota allí: d) Los partidos reciben financiamiento privado prohibido y hasta ahora no se conoce sanción efectiva alguna, lo que se complementa con lo poco rigurosa normatividad que se ocupa de la rendición de cuentas partidistas; e) Los partidos NO (con mayúsculas) sintonizan con la ciudadanía, no se preocupan de capacitar a sus afiliados y los electores no se identifican con ellos; e) los partidos se centran en las grandes urbes y dejan el resto de la geografía libre para que organizaciones de nivel subnacional asuman el protagonismo políticos que éstos dejan.
Créanme que he cumplido cuando he dicho que solo haría una breve reseña, pues no pienso extenderme más allá en el diagnóstico descriptivo previo, por lo que contando con la certeza que la reforma está justificada, volveré donde empezamos.
Conocedores de esta infeliz realidad, se ha anunciado desde el Congreso que se encuentran trabajando en “normas que fortalecerán a los partidos políticos”. Esta noticia que alegará a algunos ingenuos quizás haya logrado que alguno se ilusione y se pregunte: ¿Tendremos ahora partidos democráticos?, ¿Será obligatoria la renovación de autoridades?, ¿Contará la democracia interna con la presencia de los organismos electorales?, ¿Se cancelará la inscripción de los partidos que no participan en los procesos electorales?, ¿Se cancelará a los partidos que recibieron financiamiento ilícito?, ¿Se penalizará a quienes faltan a la verdad en sus hojas de vida?
No amigo lector, no es así. La reforma que se menciona desde el Congreso establece que “para fortalecer a los partidos”, deben endurecerse las normas para que se inscriban más partidos, es decir, se protege a los actuales partidos, a esos cuyas características brevemente hemos mencionado y de prosperar la “reforma” se limita la participación de nuevos o la candidatura de quienes no cuenten con tres años de militancia partidaria.
Esta vez el Congreso ha puesto la valla muy alta. Será muy difícil imaginar incongruencia más grande que la señalada. ¿Está de acuerdo querido lector?