Punto de Encuentro

DEMOCRACIA CON O SIN PARTIDOS

Un partido político dentro de una sociedad libre y democrática, tiene el deber de aglutinarlos distintos intereses político-sociales y canalizarlos, tiene la obligación de exponer una visión del país a través de sus planes de gobierno y presentar candidatos en elecciones, lo que le diferencia por ejemplo de aquellos regímenes no democráticos de partido único en donde la cúpula de éstos jamás admite intereses contrapuestos a sus principios políticos.

En este sentido, los analistas políticos están de acuerdo que ningún sistema democrático podría funcionar sin partidos políticos, claro ejemplo de ello lo constituyen por ejemplo las monarquías árabes, las cuales prohíben la existencia de partidos políticos y por ende no son democracias.

El razonamiento expuesto seguramente sería compartido por cualquier persona medianamente entendida o estudiosa en la materia, quien sostendría sin mayores miramientos que es muy difícil concebir la democracia sin partidos políticos, es más, ponderaría la existencia de éstos; sin embargo, entiendo que en el Perú existen sobradas razones para afirmar lo contrario, o cuando menos, la presencia de sólidos argumentos en contrario nos obligan a desmenuzar dicha afirmación y analizarla con mayor detenimiento.

Lo dicho no es una simple afirmación producto del evidente descrédito partidista.Técnicamente es factible tener una democracia sin partidos, pues la democracia puede ser concebida como aquel conjunto de principios de organización del poder político basados en la decisión soberana de la ciudadanía, y es ésta, por quinta esencia de su definición, quien podría decidir si son o no son necesarios. Me apoyaré en breves datos históricos:i) La democracia, tal como la concibieron los griegos, fue una democracia sin partidos. ii) Los primeros presidentes de los Estados Unidos fueron elegidos democráticamente pero sin un partido político que los avale y si rastreamos en la historia encontraremos muchos ejemplos más.

La razón se cae de madura, nuestra democracia peruana funciona, mal que bien, prácticamente sin partidos, pues en el Perú del siglo XXI, los partidos políticos pese a su elevado número,parecieran ser una especie en vías de extinción y por añadidura innecesarios.

La razón que subyace a lo dicho se sustenta en el hecho innegable que las elecciones no son disputadas por organizaciones colectivas cuyo origen se encuentra en torno a una ideología partidista, por el contrario, nos revelan únicamente que nos encontramos frente a ambiciones personalistas que los utilizan como simples plataformas electorales que les sirven a ese fin.

Tampoco los partidos tienen a desarrollar las condiciones necesarias para perdurar en el tiempo, pues salvo el caso del Partido  Aprista Peruano (2006), ninguno de los partidos que lograron la victoria electoral se encuentran vigentes: Cambio 90 (1990 y 95), Perú 2000 (2000), Perú Posible (2001), Partido Nacionalista (2011) y Peruanos por el Kambio (2016) y si el análisis lo llevamos al campo sub nacional, a nivel regional por ejemplo, veremos la absoluta orfandad de los partidos políticos, que ceden posiciones frente a las organizaciones de alcance local quienes se hacen con la mayoría de gobernaciones regionales.

En resumen, la existencia meras organizaciones cuasi temporales que se comportan como simples maquinarias electorales, que adolecen de ideología, que no exponen planes de gobierno más allá del cumplimiento formal que les exige la Ley, que no cuentan con bases sociales que los apoyen, que contratan o compran candidatos de elección en elección, que rara vez renuevan a sus directivos, que durante períodos no electorales no tienen participación pública alguna en modo alguno pueden ser considerados como partidos políticos más allá que la Ley les conceda esa denominación.

 

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