Por: Wilberth Vilca Laura (*)
Han transcurrido 26 años del autogolpe de Estado, el 5 de abril de 1992, perpetrado por el autócrata Alberto Fujimori, sus nefastas consecuencias aún inciden en la política y sociedad peruana. Si bien la década de los 80 fue critica por la amenaza del terrorismo maoísta de “sendero luminoso”, la grave crisis económica y la hiperinflación, la democracia estaba en proceso de institucionalización, Fujimori había derrotado a Mario Vargas Llosa, en segunda vuelta, no tenía mayoría en el congreso, pero éste había avalado las principales medidas de su gobierno, aun así realizó una campaña psicosocial de descrédito de las principales instituciones del país, sector justicia, legislativo, partidos políticos, gobiernos regionales y locales, el autogolpe cívico-militar, conto con el apoyo de los grupos empresariales, con el propósito del ejecutar el “plan verde” de perpetuación en el poder, sin embargo la resistencia interna y la condena internacional, obligaron al fujimorato a negociar una salida vía elección del “congreso constituyente” que vía referéndum implantó la Constitución del año 1993, que asemeja a un “estatuto de gobierno”, que lamentablemente hasta hoy las fuerzas democráticas no han tenido la capacidad de derogar y vía asamblea constituyente aprobar una nueva Constitución Política, el neoliberalismo se ha afianzado y los sucesivos gobiernos post-fujimori, se han constituido en el segundo o tercer piso de dicho modelo. Fujimori ha creado en el imaginario popular, el supuesto mérito de acabar con el terrorismo, nada más lejos de la realidad, en la captura de Abimael Guzmán, se encontraba de pesca en el oriente peruano, el GEIN había sido acorralado y reducido su presupuesto, pero los valerosos oficiales, continuaron su labor de inteligencia para la captura del cabecilla terrorista, ya a finales del primer gobierno de García, habían incursionado en una de las casas en la que los terroristas celebraron un congreso partidario, ahí se encontraron los vídeos de “zorba el griego” que permitieron identificar a la cúpula subversiva. Con Montesinos alentaron la supuesta firma de un “acuerdo de paz” para regocijo de los maoístas, que felizmente aborto. En el aspecto económico, si bien fue estabilizada, los enormes recursos producto de las grandes privatizaciones tuvieron un destino oscuro, y el crecimiento careció de equidad, mientras la descentralización fue congelada. La institucionalidad fue secuestrada, el poder judicial maniatado y el congreso vasallo permitieron la proliferación de la corrupción, mientras se imponía una política pragmática, asistencialista y clientelista, y los medios de comunicación eran comprados vía sobornos, como los evidenciaron los “vladi-videos” y los diarios chicha. La partidocracia agudizo su crisis a finales de los 80, cuando la población eligió a Ricardo Belmont, alcalde de Lima, por un movimiento independiente, luego proliferaron los “seudo-independientes”, o mejor indomiciliados políticos, el oportunismo era moneda corriente, el candidato verde, en la próxima elección fácilmente mutaba a candidato rojo o amarillo, y así sucesivamente, hasta que la corrupción develada en los gobiernos locales y regionales, demostró que eran igual o peor que los “políticos tradicionales”. El destape de la corrupción de Odebrecht y la reciente renuncia del ex-Pdte. PPK, evidencian la persistencia de la crisis política en nuestro país, es urgente una reforma política profunda, la democratización de los partidos políticos, la renovación radical de liderazgos políticos, el reencuentro con idearios, programas, códigos de ética y vocación de servicio en el ejercicio de cargos públicos, una reforma electoral debe ir de la mano con el proceso de reingeniería política. Ninguna dictadura es justificable, sea esta de “izquierdas o derechas”, de arriba o abajo, tan repudiable es el tirano Nicolás Maduro que agobia en la pobreza y corrupción al pueblo venezolano, como lo fue el autogolpe de Fujimori. El reto de hoy es recuperar la institucionalidad democrática de nuestro país, la auténtica división de poderes, el control ciudadano, el contrapeso político y la garantía de las libertades de las personas y de los medios de comunicación, afiancemos nuestra transición democrática.
(*) Email: ideasayni@gmail.com