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15 Marzo, 2018

José Bulnes

Por: José Bulnes

Alguien

El imperio de la razón significó en la modernidad la emergencia del individuo, como fundamento del conocimiento y base del orden social. El individuo se convierte en premisa. Pero convive con su costumbre. La socialización del individuo resulta posterior. El individuo se reconoce a sí mismo. No se integra salvo por un interés, el individuo es finalmente un ser para sí. El mercado ha resultado ser el espacio de intercambio de estos intereses. El mercado no es espacio de intercambio de voluntades, sino de objetos.

¿Qué sucede cuando el individuo asume la responsabilidad de su autonomía? Entonces su propia unidad le antecede a toda construcción de conciencia. Y la literatura que ensalza lo colectivo deberá revisar sus principios. Y la literatura que construye un individuo como generalidad, tendrá que conceder que la individualidad alude a una práctica (social). Es decir, el individuo asume su autonomía y lo social es el espacio donde ejerce su ser pragmático. Lo sustancial para lo social y la materia de su historia, es que el individuo no socializa a fin de sumar, o partícipar, al socializar el individuo objetiviza, ¿en qué otro lugar podría desarrollar su ser pragmático sino en sociedad, donde los hechos preceden a la interpretación? Los hechos son el dato, el objeto, la unidad. La democracia es una construcción (social), y uno de los hechos que la sustenta es que es un acuerdo de élites. A partir de 1993, las formas democráticas son ajenas de las mayorías. Ha importado mantener la regularidad en la consulta, gestionar el conflicto, ha importado mantener el modelo.

Cuando el individuo constata este estado de cosas, entonces se asocia con otros individuos, también autónomos, pero también pragmáticos: nace una organización. Si hay ideología, hay un partido. Si la política es materia que puede modificarse, entonces no es un hecho, un dato, sino ejercicio pragmático de los individuos. Los hechos son objetivos, la política es una materia siempre en vía de ser algo distinto de lo que viene siendo, y está sujeta, sí, a la voluntad. El individuo hace política porque es pragmático, pero reserva un lugar para lo objetivo: el trabajo, la propiedad y el salario.

Cuando el individuo interactúa con el orden social, estos tres elementos -propiedad, salario y trabajo- son, precisamente, las herramientas que tiene para afrontar su participación en la sociedad. Si la "fuerza de trabajo" ,manual e intelectual, concentra a la propiedad, el individuo detenta su propia fuerza de trabajo; el salario, la sociedad es un tráfico de intereses mercantilizados; y el trabajo, es la forma como el sujeto social, el trabajador manual e intelectual, contribuye a una causa mayor que él mismo.

 

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