Por Roberto Rendón Vásquez.
Durante el fenecido gobierno de Ollanta Humala, entre gallos y medianoche, se aprobó en el Congreso de la República lo que se denominó por la generalizada opinión pública como “la ley pulpín” que de inmediato fue enérgicamente rechazada en las calles por miles de estudiantes universitarios. Se trataba que so pretexto de “favorecer” a los estudiantes, posibilitarles sus prácticas pre- profesionales y brindarles algo de remuneración, en realidad se trataba de una sobre explotación pues no se reconocía a esos estudiantes sus derechos sociales y remuneratorios que por su prestación de servicios dependientes y subordinados prestaban al “empleador”. Estos, a su vez, aprovechaban de esa “ley” para prescindir de los asalariados antiguos que, si tenían derecho al goce vacacional remunerado, compensación por tiempo de servicios, gratificaciones dos veces por año (28 de julio y navidad), asignación familiar, poder efectuar negociaciones colectivas de trabajo. El aporte que los patrones debían hacer por la seguridad social de esos estudiantes lo asumía el estado, es decir lo pagaban todos los peruanos. La verdad es que con esa ley se beneficiaba a los empresarios pues con tales practicantes por 5 años en realidad “ahorraban” mucho en las señaladas remuneraciones y al mismo tiempo se deshacían de los trabajadores antiguos. El rechazo fue tan contundente que se derogo esa ley.
Ahora, sin considerar la experiencia de “la ley pulpín” la congresista Rosa Bartra pretende la dación de una nueva ley más terrible que la anterior. Por esa nueva “ley pulpín”, los alumnos de institutos tecnológicos y de universidades públicas y privadas por miles, espontáneamente, el viernes último han salido por miles a las calles no solamente para protestar por ese proyecto de “ley” sino para rechazarla rotundamente. Se han movilizado por el centro de Lima con valentía y fervor, aun enfrentándose a la policía que les impedía su paso, para oponerse rotundamente a esa norma legal destinada a sobre explotar laboralmente a los jóvenes estudiantes, pues esa disposición permite a los empresarios tener mano de obra dependiente y subordinada para que labores en lo que es el fin de sus negocios, sin tener que pagarles un solo centavo porque se dice “son practicantes”. La juventud ha hecho acto de presencia y de persistirse en aplicar esa disposición, con toda seguridad que ya no solamente los jóvenes estudiantes saldrán de inmediato a las calles, sino que es de preverse que serán respaldados por el pueblo en general.
Para ser congresista hay que, por lo menos, tener sentido común.