Punto de Encuentro

Algo de sinceridad

7 Febrero, 2018

José Bulnes

Las siguientes líneas buscarán desarrollar una opinión acerca de los partidos políticos en el Perú, la filosofía política y de cómo el retorno a la ideología es la vía para restablecer el real funcionamiento de éstos.

El nacimiento de los partidos políticos están gravados, desde su origen, por la desconfianza. Hacia 1870 el fundador del Partido Civil era acusado de subversivo y masón. Los civilistas significaron la resistencia frente al militarismo, régimen que el Dr. Manuel Pardo diferenciaba del Ejército. En la década del veinte, el Apra y el Socialismo, corrientes políticas con elementos de vanguardia que convocan a las masas, se constituyen en blanco de ataque político por parte del militarismo y la oligarquía. Sus propias contradicciones entre lo que buscan representar y lo que representan en la práctica, se materializa en una confluencia entre dirigencias, bases y sectores no partidarizados. En este momento los partidos políticos no acusan desconfianza, sino tal vez el preocupante rasgo de su prescindibilidad como mecanismos de reivindicación social y económica.

Ha primado el criterio de asociación entre particulares, porque la orientación del significado de la democracia se basa en la existencia de mecanismos mínimos que validen un régimen, elecciones, mantenencia de porcentajes de inversiones, instancias de negociación entre los demandantes sociales y los representantes del sistema. La mediación de los partidos políticos se convierte así, en otra instancia con la cual el Estado tendría que mediar, sin embargo, en momentos de transición, o se ha optado por la confluencia de fuerzas políticas que superen una crisis (el Frente Democrático Nacional en 1945) o la relación directa con la masa (velasquismo, odriísmo, fujimorismo). El derecho a la igualdad ha sido arrebatado, cuando la democracia mínima no ha bastado.  La filosofía política peruana debe regresar a una revisión crítica del pasado, por lo que la revisión de la tesis del cambio del régimen económico de la tierra, así como la toma del poder por las clases productoras deben reafirmarse. Ello implica retornar a José Carlos Mariátegui y VíctorRaúl Haya de la Torre. Y, sin duda, con atención ideológica a Víctor Andrés Belaúnde.

Los avatares alrededor de la vacancia, el indulto y la busca de reconciliación desde un gabinete ministerial son los indicios de un trasfondo: Es falaz la distinción entre técnico y político, pues la busca por el poder público implica que el arte de la política sea consustancial a la interacción entre los integrantes de la sociedad civil.

Los partidos políticos no están en crisis, tienen burocracia, circuitos de organización. Existen a plenitud, sus facciones no son signo de debilidad, sino de una vitalidad latente. La sobre valorada idea de que el sistema de partidos está en crisis, solo puede ser resultado de una elucubración de escritorio. Sin embargo, ¿porqué ha tomado fuerza esta idea a tal punto que la crisis de los partidos es un presupuesto inamovible, cuando debería ser resultado del análisis. Porque se busca distender la ideologia. El neoliberalismo fujimorista no fue la primera inserción sistémica del antipartidismo, y en el caso de los partidos troncales del Perú, este antipartidismocuestiona y ataca a élites organizadas con capacidad de convocatoria de masas. 

Recuperar las ideologías, para reafirmarlas es el mejor camino para que los partidos reaviven su músculo representativo, en el cauce de la filosofía marxista para incidir en la crítica al capitalismo y erigir  un país de justicia e igualdad.

 

NOTICIAS MAS LEIDAS