En esta revista Punto de Encuentro, he tenido la oportunidad de escribir, desde abril del año pasado,un promedio de un artículo semanal y en ellos me he ocupado casi exclusivamente de dos aspectos: la reforma electoral y el fortalecimiento de los partidos políticos.
A la luz de los resultados legislativos obtenidos, podemos señalar que la primera llegó a cuenta gotas,pero calificarla como tal (como reforma) resulta tan inocente como optimista. La segunda sigue siendo una asignatura pendiente.
Respecto de la primera, escribí “llegó”, en pasado, pues la oportunidad de introducir cambios normativos con vistas a las Elecciones Regionales y Municipales del próximo mes de octubre ha culminado, pues el pasado 10 de enero se convocó dicho proceso, por tanto, las reglas de juego no pueden ni deben ser ya modificadas.
Bajo esta perspectiva, considero que como todo ejercicio que culmina, debemos hacer un balance y en tal sentido debemos empezar señalando que como todos sabemos, frente ala discusión acerca de la reforma electoralseria e integral propuesta por los organismos electorales y un amplio sector de la prensa especializada, el Congreso resolvió apartarse del camino ortodoxo que lo conduciría a una reforma integral y optó por la aprobación de normas medianamente importantes, inconexas entre sí pero en su conjunto sin el peso ni la trascendencia que las circunstancias demandaban.
En esa línea, vemos por ejemplo como el Poder Legislativo dispuso sin mayor debate, la aprobación de cambios en el cronograma electoral, fijando de tal modo plazos homogéneos para la convocatoria a cualquier proceso electoral, norma que podemos considerar como tangencial al momento de ubicarla dentro del universo de temas que la reforma electoral exigía, pues si bien uniformiza el calendario de todos los procesos, es notorio su poco peso si la colocamos en el fiel de la balanza que pesa los aspectos que la reforma demanda.
De otro lado, el Parlamento prohibió la participación como candidatos en procesos electorales,deaquellas personas sentenciadas por delitos como terrorismo y narcotráfico entre otros, norma sin duda saludable pero cuya aprobación se caía de madura, pues era una exigencia de larga data cuya demanda se origina en el seno de los organismos electorales.
Recodemos que en el ámbito notarial, en la carrera judicial y en la del magisterio, quienes son excluidos de éstas por delitos dolosos no pueden ser reincorporados, sin embargo paradójicamente sí podrían (en caso no se hubiese aprobado la norma bajo comentario), administrar o aprobar fondos públicos siendo elegidos alcaldes, gobernadores regionales, congresistas o incluso Presidente de la República.
Otra de las modificaciones normativas, consistió en la eliminaciónde las organizaciones políticas locales, norma que sin embargo no será de aplicación para las que hubiesen logrado su inscripción con vistas a las elecciones recientemente convocadas. Este tema resulta siendo bastante opinable y sobre el cual ya nos pronunciamos en artículos previos a los que nos remitimos.
De otro lado, la actual gestión parlamentaria prohibió la reelección de las autoridades locales, de modo tal que las únicas autoridades elegidas por el voto popular que pueden ser reelegidas son precisamente los parlamentarios.
Como apreciamos, temas medulares de la reforma fueron incomprensiblemente dejados - otra vez – de lado. La democracia interna y el fortalecimiento de los partidos políticos, parecen encontrarse en alguna norma escrita sobre piedra que impide a cualquier grupo o comisión parlamentariaexhibirsus intenciones de introducir cambios.
Como ya hemos dicho, como quiera que las Elecciones Regionales y Municipales ya fueron convocadas, en aras de la intangibilidad normativa que debe enmarcar todo proceso electoral, ya no debemos esperar mayores cambios normativos pues resultaría absolutamente perjudicial aprobarlos en pleno proceso, sin embargo, nada impide que de aquí en más nos ocupemos de las normas que sí pueden aprobarse, es decir, aquellas que nos lleven a las Elecciones del Bicentenario, o aquellas que fortalezcan al sistema de partidos.