Punto de Encuentro

Quítate tú pa ponerme yo

Hace unos días se puso a conocimiento de la opinión pública el proyecto de ley que ingresara en diciembre del año pasado el congresista Mauricio Mulder. Dicha propuesta legislativa contenía entre otras cosas más, la restricción a participar de los próximos procesos electorales a organizaciones políticas que no tengan tres años como mínimo de constitución y participación electoral y que sus candidatos tengan tres años participando en dicha organización.

En lo expresado por el congresista en distintos medios al ser consultado por la razón de ser de este documento, ha buscado enmarcar su discurso e intención legislativa en el fortalecimiento institucional y la equivocada visión y ubicación de lo informal de la política. Informalidad no es constituirse en cortos períodos de cara a un proceso electoral, la informalidad no está presente en el transfuguismo y la permanencia en una agrupación política no te hace partidario de lo que mande la mayoría necesariamente o comulgar en las formas en las que esté siendo conducida.

El proyecto de Ley 482 es una de las tantas muestras ineficaces y paliativas que han parecido ser la mejor opción y salida para nuestros legisladores en materia electoral. Pero viendo más allá de su imagen de legislador, el congresista Mulder proviene del partido mejor institucionalizado y el que dentro de sus estructuras y dinámicas internas considera preponderantemente las prácticas informales de la política. Este espacio y aspecto que planteamos, es el otro lado del significado y realidad de lo que también es la informalidad y en ella, muchas veces las consideraciones a fenómenos como el transfuguismo, el personalismo y otras prácticas políticamente incorrectas.

Este proyecto no incide significativamente en algo más que no sea un impedimento a las organizaciones en formación e interés de cara a participar en las próximas elecciones regionales y locales. En adelante tendremos partidos que se formarán en prolongados lapsos y acomodando su parte orgánica por conveniencia coyuntural. Considerando que este proyecto también eleva la cantidad de firmas para la inscripción del partido político, estamos frente a una respuesta intolerante a las nuevas reglas de forma que constituyen la moderna y compleja política peruana. Nos guste o no.

Ampliando el debate, esta sería un golpe legal y equívoco hacia la realidad del problema. El problema está en que el éxito de estas organizaciones políticas con menor tiempo de vigencia que otras, es posible en escenarios donde no tienen actores suficientemente capaces de darle competencia y en el mejor de los casos una derrota que significase la evidencia clara contraponiendo “informalidad” vs. Institucionalidad. La solución no está en los tiempos de militancia, ni tampoco en la cantidad de personas que avalan la fundación de los partidos.

A lo que referimos considerando este episodio es que estamos frente a una crisis metodológica de cómo plantear, estudiar y mejorar la situación actual de nuestro sistema político. Entre los incentivos que genera el sistema electoral, los resultados que tienen los actores posicionados en lo más cercano al ideal que se busca, estamos obviando las lógicas y dinámicas internas de instituciones como el Partido Aprista Peruano o la constitución orgánica de Fuerza Popular, entre otros fenómenos que al compararlos en similitudes y diferencias, podemos hallar mejores cambios. 

 

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