A propósito del importante libro del profesor Hugo Neira, ¿Qué es República?, en un artículo publicado en El Comercio en el año 2012, Carlos Meléndez muestra que la mentalidad oligárquica está presente y goza de buena salud, incluso en el auto llamado mundo progresista.
“Una Alcaldesa que llama “vecinos” a los que viven en Miraflores y “pobladores” a los que moran en San Juan de Lurigancho. Tecnócratas con corazón Hipster que diseñan políticas para “pobres”. Académicos monotemáticos que organizan –una vez más- el mismo Seminario de reforma del Estado. Muchachitos del ayer que luego de un fracaso más “relanzan” una nueva versión (no corregida, pero si aumentada) del marxismo de ONG, con un pie en el 2016 y el otro en una Embajada”
El progresismo oligárquico es sólo un síntoma en la esfera de la política de muchos otros más. El histórico Antiaprismo del siglo XX fue tan feroz y duro porque a los grupos dominantes les fue absolutamente intolerable aceptar la emergencia de un movimiento y de un mundo popular, organizado, culto, con un proyecto político democratizador y una ideología. No lo aceptaron y por ello patearon el tablero. Las diferencias políticas entre el progresismo de VR y Patria Roja en los años 60-70, es muy probable que tengan una mejor explicación en la necesidad de “los de arriba” de diferenciarse socialmente de “los de abajo”, incluso en la revolución. No somos iguales, así seamos socialistas. Ni nunca lo seremos.
Esa es la fractura principal de nuestra actual República que pronto cumplirá 200 años. No somos ciudadanos. No hemos logrado conformar una comunidad de ciudadanos con iguales derechos y deberes. Por su posición y/o origen social, muchos son “más iguales que otros”. Fernando Fuenzalida, mostró como la discriminación tenía en nuestra sociedad múltiples capas de diferenciación. Todo peruano puede encontrar a alguien a quién cholear más abajo.
Esa cultura discriminatoria impregnó desde su origen la institucionalidad de la República. Es lo que denunciaron en su momento, tanto Haya como Mariátegui, siguiendo al maestro Gonzales Prada: la existencia de una República de cartón, llena de blasones, antorchas e himnos vacíos, de un Poder Judicial absolutamente corrompido, de un Estado mercantilizado a intereses particulares a través de contratos de naturaleza casi criminal, de una institucionalidad política invadida por grupos de poder económico –legales y no tan legales- que compran y fabrican candidatos cada 5 años como si fueran figuritas, de una sociedad civil auto organizada en argollas poco democráticas en guerra de exterminio de sus rivales políticos.
No hay una institucionalidad republicana ni democrática. No hay una cultura ni republicana ni demócrata.
Antes de cumplir los 200 años de nuestra 1ra República, siguiendo los pasos del Maestro Luis Alberto Sánchez, es necesario hacer un “Balance y Liquidación”. Es tarea de las nuevas generaciones.