Punto de Encuentro

Desvalidos

El día de ayer, en el distrito de San Antonio de Huarochirí, una madre junto a su niño de un año de nacido, eran víctimas mortales debido al deslizamiento de rocas y lodo que terminó por robarle los sueños. Morelia Muñoz, una madre de 22 años, esperaba la mañana del lunes que dejara de llover en la Asociación Nuevo Progreso, sin presagiar que serían sus últimos minutos con vida junto a su pequeño.

Morelia y su bebe se suman a la lista de personas que han perdido la vida debido a las situaciones fortuitas en caso de derrumbes, incendios, deslizamientos, entre otros peligros que enfrentan los pobladores que habitan las faldas o partes altas de los cerros limeños. Resulta que estas personas pierden la vida por la precariedad en la que han ido desarrollándola, alejados de toda normalización en los estilos de vida citadinos. De espaldas a la Lima moderna, entre trochas y sueños negados.

Las capacidades estatales para la acción preventiva en la población de zonas de alto riesgo como son los cerros limeños, no ha tenido ni tendrá mayor resultado si no empezamos por reconocer el significado y dinámicas de convivencia de aquellos ciudadanos que miran desde las alturas la tierra prometida, tan necesaria y a la vez tan lejos y fuera de ella.

Las autoridades locales no han encontrado la vía institucional que permita hacerlos menos vulnerables. Estas personas desarrollan su vida bajo el día a día y las consideraciones de la planificación urbana o mínimos intentos de esta última, evitan plantear alternativas que faciliten su estadía en zonas altamente vulnerables. Nuevamente se pone de manifiesto la incoherencia en el discurso estatal respecto a títulos de propiedad, agua y desagüe, pistas y veredas, áreas verdes, alumbrado público. Resulta que los ciudadanos de esas zonas tienen una calidad de vida hasta donde el Estado puede darles, pero aún siguen en peligro constante.

Necesitamos una apertura al crédito inmobiliario con bonos y préstamos estatales, con asistencia técnica para la construcción y/o reforzamiento de las viviendas que estén habilitadas a permanecer en estas zonas (mayor grado de vulnerabilidad inminente), reubicación para familias que no pueden seguir ocupando el espacio que representa un peligro, programas de creación de áreas verdes, pero ante todo un estudio integral que permita conocer la situación de las zonas considerando todo aspecto de la vida humana y el paisaje geográfico. 

La tarea pendiente es abrir el punto de discusión donde realmente hagamos visible la situación, externalidades negativas y positivas, responsabilidades y programas que se pueden llevar a cabo de la mano de estas personas que por haber emprendido la valentía de tener que vivir en esas zonas vulnerables, no tienen derecho a quedarse sin atención y respaldo de sus autoridades.

No queremos más muertes de vidas desamparadas, de vidas que se han hecho un lugar en los límites limeños, entre un distrito y otro. Queremos que nuestras autoridades, pero sobre todo nosotros, pensemos en la situación de personas que cada día del año están expuestas a peligros y vulnerabilidad que decidieron asumirlos buscando una vivienda dentro de sus posibilidades.

 

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