En la antigua Grecia el término paideia aludía a la educación a los futuros ciudadanos que se cristalizaba en la formación intelectual, espiritual y atlética del hombre. Era la formación de la persona que le otorgaba finalmente un carácter humano con capacidades cívicas para ejercer responsabilidades tan exigentes como la función pública.
Esta formación debía ser permanente pues así se aseguraba el buen desempeño de las instituciones de la antigua Grecia. Si una institución manejaba bien su marco de procedimientos era porque la paideia había hecho su trabajo con las personas que integraban dicho espacio. La formación buscaba que el ciudadano fortaleciera la institución ya construida.
Hoy, miles de años después, vemos cómo sin embargo el protagonismo de las personas a veces es capaz de tumbar cualquier marco institucional. Vemos cómo aquellas conductas individuales terminan por opacar, tergiversar y hasta destruir la esencia de la institución.
Así tenemos por ejemplo que la reciente crisis política a raíz de la no otorgación de la confianza al Gabinete de Fernando Zavala puso en evidencia intervenciones políticas e interpretaciones de la constitución que hasta tergiversaron la esencia constitucional del Congreso. Vimos una vez más como se confunde el debate con un ring de box para aniquilar al otro.
Bien dice la corriente sobre el nuevo institucionalismo – con el profesor estadounidense Guy Peters como uno de sus promotores – que es mejor actuar bajo criterios institucionales establecidos, antes que hacerlo amparado en el bienestar individual. En otras palabras, las decisiones tienen mayor validez y solidez si es que se adoptan sobre la base de una matriz institucional que garantice un bienestar colectivo, es decir el de la organización, antes que el de un individuo o grupo en particular.
Así por ejemplo nos aseguraríamos de que un Gobierno tome decisiones incorporando a los ciudadanos y no solo bajo los argumentos de unos cuantos expertos. Garantizaríamos que un Congreso de la República tenga debates e interpretaciones institucionales y sancione a sus parlamentarios bajo un mismo criterio si comenten una falta claramente precisada en el reglamento. Tendríamos a un Poder Judicial más predictible en los procesos para establecer culpabilidad o inocencia y no someternos a una tómbola.
Pero estos escenarios serán posibles siempre y cuando estén acompañados de una constante retroalimentación institución – individuo que beneficie finalmente el bienestar colectivo y fortalezca a la institución. Construyamos una paideia y no una comedia griega.