Herbert Marshall McLuhan - el precursor de la llamada sociedad de la información - decía varias décadas atrás que “el medio es el mensaje” en relación a que el impacto de los medios en los consumidores no se debe tanto a su contenido sino más bien a la forma como se transmite el mismo. Y es en ese proceso de transmisión de información en donde entran a tallar una serie de factores como el enfoque de la cámara o la luz en el caso de la televisión, la entonación y los silencios en la radio o las letras en mayúsculas y el resaltado de determinas frases en los diarios, o la opinión editorial en el caso de todos. Los medios hacen uso de sus recursos para impactar en el televidente, para lograr su atención, para tener más puntos en el rating, para generar una corriente de opinión.
Sé que estas discusiones se han tenido antes. Pero es preciso recordar que, en los últimos años, las coberturas mediáticas sobre distintos acontecimientos son un claro ejemplo de lo que hace tiempo pregonaba McLuhan. Los detalles externos al contenido, el paquete con envoltura brillante y dorada, cual estrella de rock, es finalmente lo que impacta en el consumidor y lo que finalmente prioriza el medio de comunicación.
En la reciente cobertura mediática de la excarcelación de la terrorista Maritza Garrido Lecca, los medios de comunicación en general centraron su atención en detalles como preguntar sobre su arrepentimiento, averiguar su lugar de residencia, en quienes la recogían, en el tipo de vehículo que la trasladaba, etc., etc. La idea era buscar la declaración y la imagen, como aquella cuando la ex guardiana de Abimael Guzmán se reencontró con su hermano con evidentes gestos de cariño. Una imagen para la posteridad sin duda que internamente puede ser comprensible para dos familiares que no se veían hace tiempo, pero que externamente proyecta la humanización de un personaje que según sus propias declaraciones no se arrepiente de nada. ¿Ese es el paquete que queremos como consumidores?
Y si a eso le sumamos la persecución hollywodesca a su lugar de residencia, entonces tenemos el derecho de preguntamos ¿merecía un despliegue tan espectacular este acontecimiento? ¿Merecía que reporteros, camarógrafos, fotógrafos y seguridad protagonizaran empujones, caídas y hasta manotazos dignos de una pelea callejera?
No objeto la cobertura en sí. Es un hecho que debe ser informado. Entonces, ¿No es posible tener ciertas pautas como se tienen en otro tipo de transmisiones? ¿Es posible que los medios de comunicación tengan un acuerdo en estas situaciones para no darle tanta espectacularidad a una ex subversiva? Creo que podríamos comenzar con eso. Si tanto nos rasgamos las vestiduras porque se sancione a determinados conductores o programas que deslizan comentarios racistas, pues creo que como consumidores tenemos derecho a que una cobertura no linde con el espectáculo innecesario y la victimización de un personaje que tanto daño le hizo al país. El buen McLuhan diría entonces que el medio es el mensaje que impacta por su forma y sobre todo por su fondo.