Punto de Encuentro

Tecnocracia y política

3 Septiembre, 2017

José Bulnes

Por: José Bulnes

(filósofo)

Este artículo parte de la siguiente tesis: los trabajadores oganizados constituyen un actor político que cuestiona el sistema estatal no solo culturalmente, sino estructuralmente. Es decir, el Estado se ve cuestionado integralmente, desde la historia, como sistema y en política.

Un precedente en la historia son las revoluciones de 1848 en Europa, y que producen dos logros fundamentales para los trabajadores, los instrumentos de trabajo no estuvieron monopolizados, sino, además, que el trabajo asalariado es una forma transitoria, destinada a desaparecer frente al trabajo asociado.

Es sistémica, porque la organización del trabajador implicaría el cese del núcleo de la parte administrativa del Estado. Porque se alteran los regímenes de propiedad, cuando se modifican sustantivamente las relaciones de subordinación y dependencia, cuando grandes sectores emergen vigorosamente al escenario social y político con nuevos y sentidos intereses económicos comunes (Velasco: 1974: 55).

Es política, porque el Estado se enfrenta a su propia negación. El trabajador organizado puede sustituir al Estado y su aparato burocrático. Hoy, la coyuntura muestra a la opinión pública, no solo la falta de sapiencia política del Gobierno para lidiar con una huelga y atenuar o controlar su desbordamiento, sino la ruta que ha tomado la tecnocracia desde que vertebró al Estado desde los 90: la tecnocracia de los 90 tenía que habérselas con la anarquía económica, así como con la guerra interna declarada por Sendero Luminoso, sin embargo, la de hoy afronta una desaceleración pero no una crisis económica, así como un latente rebrote de la  izquierda política en su forma maoísta, pero no una lucha interna.

Lo que puede llevarnos a aseverar lo siguiente: la tecnocracia ha transitado de su forma política a una forma gerencial. ¿Qué hacer? Revertir el proceso. ¿Cómo? Retornando a la política no solo en su definición estructural de medio-fin, sino en su dimensión integral de lucha por el poder a través del canal ideológico. ¿Cuál es el punto de inicio? Los partidos políticos deberán plantear su propia historiografía a fin de esclarecer su razón de ser frente a un espectro social, más complejo, más variado, con otra velocidad de comunicación, pero con las mismas demandas: integración económica, justicia plural y libertad. 

 

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