En el perfil de los actores políticos, cualidades sobresalientes son decisivas en momentos de manejo y determinación de la dinámica gubernamental. Promover y mejorar los fines y objetivos para el logro del bienestar nacional, es una actividad imperante, básica e ineludible de todo actor político de gobierno.
La dinámica de la relación Ejecutivo- Parlamento se ha desarrollado en el marco de lo que fue la segunda vuelta entre Peruanos Por el Kambio y Fuerza Popular. Sin embargo, nadie percibe los esfuerzos que intentan hacer las demás fuerzas políticas en el Parlamento. Los congresistas del Partido Aprista Peruano manifestando una postura disímil, de coyuntura y con el único rostro activo y frontal de Mauricio Mulder. El Frente Amplio que no termina de articular ningún frente y sus problemas internos lo consumen y hacen diferida su posición al fujimorismo y al gobierno algunas veces. Acción Popular poniendo todas sus fichas en Yonhy Lescano y Víctor Andrés García Belaúnde, figuras que lidian su lucha en distintos flancos. Fuerza Popular siendo aquella vorágine de posicionamiento político y desmesurado combate sin tregua al gobierno.
Viremos nuestro análisis hacia los condicionantes políticos y personales que acompañan a nuestros actores políticos. Desde la tímida gobernabilidad del Ejecutivo, pasando por la comodidad electoral de nuestros legisladores hasta las conexiones fácticas de nuestras instituciones en cuanto a decisión de protagonismo político concierne. Estas condiciones transcurren en un tiempo que dura más allá del que la ciudadanía considera razonable para un orden de consenso pro gobernabilidad y un manifiesto de supervivencia política.
El escenario queda dibujado por un partido de gobierno que no ha subsanado los errores prematuros de su llegada al poder, fuerzas políticas difusas y contrariadas intentando asumir espacios de oposición personalmente interpretativa, comportamientos y discursos basados en espacios de discusión política. Comparando actores, espacio y estructuras partidarias, no hemos avanzado nada. Seguimos con partidos orgánica y funcionalmente débiles, la representación nacional se posterga y somos expectantes de un recinto con tintes políticos y algunas veces de farándula lorcha.
No se prevén opciones posibles de gobierno, existe una fuerza de oposición política que condiciona la agenda estatal y una incompatibilidad de formas de gestión. Entonces, ¿qué debemos exigir como ciudadanos? Urgentemente necesitamos un tiempo nuevo en la política, uno que exija la discusión de los temas de interés nacional y el curso interrumpido de la gobernabilidad democrática. Que se fortalezcan las fuerzas políticas no por el uso desmesurado del poder, sino en su capacidad de estructura complementaria de gobierno y alternativa responsable de gestión.
No siempre gana el que sobrepasa su espacio y capacidades, sino aquellos que tienen la capacidad de guardar las distancias entre el consenso y el disenso. El Ejecutivo debe despertar del letargo inmerso en el que sus actores han querido etiquetarse como el gobierno de lujo y demostrar que pueden asumir un rol político y salvaguardar las distancias de gobierno.