Un día en el museo
Ayer vi en el cine de barrio la película peruana “La última tarde” de Joel Calero. Magnifica. En una parte del diálogo Ramón (Lucho Cáceres) le dice a Laura (Katerina D’Onofrio): “Cusco no es para cusqueños”en alusión a que los precios de los sitios turísticos o culturales del lugar no son accesibles al mismo lugareño.
Los museos según mi punto de vista no son específicamente lugares cerrados y con arqueologías enmarcadas en bellos vitrales. Machu Picchu por ejemplo es un museo en la misma naturaleza: Abierto y transformador. Lo mismo pasa con las líneas de Nazca, Kuélap y la misma ciudadela de Chan Chan por dar algunos ejemplos de "museos que viven y hablan". Viajar por el Perú es una manera de visitar“museos vivientes”. Incentivar estas actividades “para ir al museo" desde el gobierno, con precios más asequibles es una forma de crear identidad y ciudadanía.La verdadera riqueza de un país.
El Perú como sede máxima en Cusco, concibió una de las civilizaciones que fundaron el mundo a la que después se añadieron más mezclas de diversas vertientes. Estoy convencido de que una sociedad ávida de conocer su historia y cultura, no solamente en los libros, sino en los museos, en los viajes, en su gente, es una sociedad capaz de una evolución continua y de no repetir los mismos errores en el futuro. Simplemente un país con identidad y autoestima que cuando le llamen algo así como: “Princesa o príncipe Inca” lo tome como un enorme cumplido, que lo es, y no como un insulto.
Sino indaguemos si a Yma Sumac le daba vergüenza ponerse trajes de princesa Inca en sus rodajes de sus hermosas películas, ya clásicas, en Hollywood o si padeció de lo mismo el propio Juan Diego Flórez que recientemente cantó vestido de Inca en el mítico Royal Albert Hall para toda Inglaterra. Estoy convencido de que algún día en un museo fue uno de los motivos principales que incentivó estos descollantes comportamientos frente al mundo.
Arquitecto Ecológico: Miguel Ángel Romero Maldonado.