El derecho de asociación precede a la constitución de un partido político. Aunque la constitución del mismo esté atravesado por corrientes de pensamiento o por la expresión política de un movimiento de lucha. Pero, ¿cuál es el papel que esta organización cumple en el espacio político? Canalizar demandas, servir de puente entre la sociedad civil y el aparato administrativo del Estado. Y como fines, la tenencia y conservación del poder, lo que remite a ganar elecciones.
Los noventa demostraron que la política puede ejercerce sin partidos o con una presencia de baja intensidad de éstos. Sobre todo, se constató que detrás de la organización política está el partidario, bajo la forma del militante. Los partidos se eclipsaron pero los partidarios no. El individualismo en triangulación con la implementación del modelo económico y la expresión mínima del Estado, construyeron el espacio para el ejercicio pleno de la política, lo que originó la emergencia de lo popular, sin mediaciones de aparato partidario. La relación Estado y sociedad se hizo directa. Definen esto como clientelismo, pero la academia no hace política, solo escribe. Y cuando aparece un académico que la ejerce realmente, no estamos frente a un político, sino ante un político revolucionario.
Lo popular es el capital social excluido del sistema, de esa confluencia de actores institucionales con reglas predeterminadas y consensuadas a través de las cuales se delegan el poder. Las izquierdas y las derechas institucionalizadas que detentan el poder económico son extrañas a la emergencia de lo popular. Éstas, al institucionalizarse privilegiaron el orden, la constitución, cuando de lo que se trataba era de retornar a los orígenes de toda justificación de lucha: el trabajo. El emprendedurismo es la busca del ciudadano de escapar del robo del excedente de su trabajo.
El ejercicio de la política se apoyaría en la asociación, mecanismo que desde lo popular tiene una potancial riqueza de desarrollo. Así, el militante, cuya fe en la organización partidaria se mantiene incólume, tendrá que habérselas con la autonomía del ejercicio político, y la siempre constante demanda de la población: un trabajo cuya producción no se enajene del trabajador.