Punto de Encuentro

En el Día de la Mujer

 

Desde que tengo memoria; mis padres, en especial mi madre, nos repetía constantemente a mi hermana a mí, que podíamos ser lo que quisiéramos ser en esta vida, que hagamos lo que nos guste, los que nos haga felices, que cumpliéramos todo lo que nos propongamos, sé que para ella debió haber sido difícil, pues eran otros tiempos, dónde para una mujer era más difícil conseguir lo que quería, no imposible pero definitivamente más difícil y no todas tenían el acceso a las mismas oportunidades.

Con el transcurrir de los años me di cuenta porque nos los repetía tanto en casa y es que a pesar de haber estudiado en un colegio parroquial de mujeres, dónde nos enseñaban valores e historia sobre los derechos obtenidos por las mujeres, nuestras clases extras eran sobre repostería y manualidades, mientras que en las unidades de varones, le enseñaban informática, electrónica y mecánica (tuve la suerte de que mi padre me enseño eso desde muy pequeña en el taller), e incluso llevaban pre talleres de carreras universitarias. Los 8 de marzo en el colegio era un día donde veías a todas las maestras felices con una rosa deseando un feliz día de la mujer, sin embargo en el salón de clases descubrías que la razón de este día era por la muerte de 127 mujeres en un incendio en su centro de labores luchando por sus derechos, era un día para conmemorar.

Ya en la universidad es donde experimenté otra realidad, algunos avisos en los pasillos donde solicitaban practicantes y cuando llegabas a solicitar la entrevista te ponían mil excusas, desde que era muy joven hasta decir que no estabas preparada, sólo para terminar diciendo que buscaban un hombre. Empecé a visibilizar las diferencias de las que antes no me había percatado, experimenté los estereotipos y la violencia, lo que una mujer debe ser… y también lo que una mujer no puede hacer ¿dónde quedó entonces, el puedes ser y hacer lo que quieras?

A las mujeres; lo que sí nos puede pasar a todas, es la violencia de género de las que son víctima muchas mujeres en el Perú; acoso callejero, violación, feminicidio, maltrato doméstico; nos dicen “mujer no te quedes callada ¡denuncia! Habla, busca apoyo”, sin embargo, llegado el momento pocas son las que denuncian, y aún menos las que son escuchadas, a pesar de que todas las mujeres deberían ser escuchadas.

Fue muy difícil para mi madre ser mujer en su época hace 40 años, y aun es difícil hoy ser mujer en el Perú (SI! En pleno 2017), las circunstancias ahora son diferentes; no solo luchar contra los estereotipos exteriores, sino contra nuestros propios prejuicios, que muchas veces son nuestros propios candados o bloqueos, aquellos que nos impusieron de pequeñas. Vivimos en una sociedad que constantemente va cambiando, muy diversa, guste o no, cada día nos sentimos más empoderadas, mas orgullosas de nuestra identidad, trabajamos nuestras aptitudes desde nuestro conocimiento pero también desde nuestra actitud para ser mejores cada día, siempre en busca de la igualdad, la equidad, porque esto debe pasar de ser una agenda más, un proyecto más y ser algo tangible puesto que lamentablemente ningún país puede decir que ha logrado el éxito de alcanzar la equidad de género de forma íntegra.

Nosotras las mujeres somos libres de perseguir nuestros sueños, de ser perseverantes y valientes; de ser plenamente conscientes que también somos ejes importantes, de ser decididas, de empoderarnos y empoderar a otras mujeres para que nunca nadie las haga sentir que no importan o que sus derechos y luchas valen menos que otras.

Si no nos involucramos ahora, la ocasión hasta de alzar nuestras voces y hacernos escuchar habrá pasado y seremos una generación que habrá perdido la oportunidad histórica de seguir haciendo cambios.

Nuestras antepasadas lograron la inclusión es nuestro deber alcanzar la equidad y la igualdad.

 

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