José Bulnes
Filósofo
El Apra es una estrella que viene, se aleja, pero siempre brilla. La Fraternidad congrega a los apristas y a todos los que comulgamos con la justicia social y el pan con libertad. La fundación del Apra en 1924 delinea el proyecto de liberación continental, en 1930 la fundación del PAP[1] compete al aparato político como instrumento de los manuales y los intelectuales en busca del poder para transformar la realidad.
Esa tranformación consistía en elecciones libres y justas, la reivindicación de nuevas capas sociales movilizadas por la crisis del 30. La militancia del PAP recorre la historia del Perú bregando por la democracia, los líderes tienen que habérselas con las circunstancias de la lucha y la convivencia. Tal vez la distancia entre dirigencia y la militancia ha originado las disidencias, pero el aprista no podría separarse del imaginario del aprismo, finalmente es su horizonte de sentido. La disciplina, un rigor de conducta, propio de una época de clandestinidad y la fraternidad, sentimiento que auna a la militancia, devienen en principios constantes en la formación del joven aprista.
Hoy, el PAP atravieza una crisis institucional, aunque como expresión de la crisis del sistema partidario y la complejización de la representatividad. Pero, según nos han enseñado nuestros compañeros hermanos mayores, la unidad, la disciplina y la fraternidad nos mantendrán fuertes e incuestionables.
A continuación, transcribo un párrafo del discurso del Jefe del 28 de julio de 1978 como Presidente de la Asamblea Constituyente:
Y si en la Constitución de 1933 se colocó un artículo con el expreso propósito de excluir de sus derechos políticos a quienes profesaban el ideal de la integración continental, en la Carta Política que elabore esta Asamblea, habrá de aparecer el artículo que nos reconozca como parte integrante del pueblo–continente indoamericano. Este solo cambio ilustra sobre la magnitud de la evolución consumada y de las profundas diferencias que median entre una época de predominio dictatorial y oligárquico y otra de despertar y presencia del pueblo, como tal, no admite condicionamiento.