Por: José Bulnes
(filósofo)
El triunfo electoral de los independientes a partir de 1989 signa un momento crucial en la historia política del país. No solo la representación se traslada a las listas electorales, también se configura su base política: La ideología, el programa y la movilidad social.
Finalizando la década del ochenta el Socialismo encuentra en la izquierda aprista, la izquierda marxista-mariateguista y el socialcristianismo referentes ideológicos que, sin embargo, no habían logrado la inclusión de los sectores más populares en la cadena productiva del país, originando una respuesta antisitémica: Sendero Luminoso. El programa de la clase política debía, ahora, construir una visión del Estado y de su papel en la producción, luego de la crisis de las empresas estatales, replicantes de una forma burocrática lejos de la racionalidad y neutralidad eficientes. La movilidad social ha sido un fenómeno recurrente como respuesta a una crisis económica[1]. Ocurre en los 90. Sendero Luminoso expresa la impotencia del indio segregado y el mestizo no incluido en los espacios decisorios, cuando las dirigencias de los aparatos partidarios han dejado de ser ya canales de diálogo, la demanda de inclusión vinculante en la producción encuentra sus propios medios.
Pero Sendero Luminoso, interpretación maoísta de la lucha popular, se encontró no ante otra ideología (las otras izquierdas ven aparecer una facción que no discursea la lucha, sino que la concreta; y el Apra, debe primero lidiar con la crisis financiera que ha dejado y el descrédito de todo proyecto nacionalista), sino el pragmatismo. A la estrategia senderista de ir desde la ciudad al campo a través de cuadros selectos y de funciones escalonadas, el Estado respondió con una acción de inteligencia de seguimiento en universidades, localidades[2], y una férrea lucha militar al interior del país. A la interpretación marxista, con el aporte de Lenin en internacionalizar la lucha proletaria y el nacionalismo popular de raíz maoísta, se sumó la agudeza, de un profesor de la Universidad Nacional San Cristobal de Huamanga en Ayacucho en la década del sesenta y con cercanía política al campesinado de la zona. El proyecto senderista no se gesta en las urbes de lima, ni al lado de su pedigree social. Pero se contrapone la otra parte de la realidad constituida por los microempresarios, la clase social emprendedora y por la decidida política pública de reducir el Estado.
En su mensaje a la Nación de 1990, el ingeniero Alberto Fujimori señala: La micro, pequeña y mediana empresa se han constituido en el sector potencialmente reactivador, pilar de nuestra propuesta electoral. Nos proponemos fortalecer este sector que no sólo se afirma en el Perú, sino en el mundo, como el eje de una estrategia de ordenamiento económico y desarrollo social(...) Mi gobierno tiene el más firme propósito de poner en marcha un serio proceso de racionalización de la actividad del Estado, respetando la estabilidad laboral pero aprovechando al máximo las capacidades del personal existente[3].
Los 90 son una década fundante del nuevo orden económico y de la busca de un Estado técnico y eficaz. No permitamos que el devaneo ideológico pequeñoburgués detenga esa marcha.
[1] Por ejemplo la crisis del 30, que permitió la proletarización del sector agrícola, así como la migración. Ver Peter Klaren. La formacion de las haciendas azucareras y los origenes del APRA. La movilidad social producto del Golpe de 1968.
[2] Aunque esta tarea ya habia sido diseñada y puesta en marcha previo al gobierno de A. Fujimori.
[3] Discurso de Alberto Fujimori. Ver: http://www4.congreso.gob.pe/museo/mensajes/Mensaje-1990-2.asp . Señala: “Heredamos pues un desastre”.