Punto de Encuentro

“La ola”

 

Febrero llegó con su ola de calor de más de 30° arremetiendo sin piedad en la ciudad capital.  Año tras año, la temperatura se eleva cada vez más, y pensamos que este es un efecto del “calentamiento global” culpando a otros países de contaminar y agredir al planeta, pero esa realidad es nuestra, y viene acompañado de desglaciación, lluvias y sequías, alteraciones climáticas de las cuales tenemos mucha responsabilidad.

Según un informe del año 2004 del Tyndall Center for Climate Change, el Perú ocupa el 3er lugar de vulnerabilidad al cambio climático después de Bangladesh y Honduras, eso significa que tenemos una capacidad limitada de adaptación y alto margen de exposición a las inclemencias del fenómeno climático, además de una mínima capacidad de respuesta ante la adversidad.  Y es que no hay que perder de vista que el cambio climático tiene un impacto crítico en la economía, la salud y seguridad alimentaria entre otros.

Pero este fenómeno comenzó a mostrarse en el Perú desde los años 80, sino recordemos la muerte lenta del Pastoruri, a la fecha ha perdido más del 50% de su extensión alcanzando el nivel más elevado de retracción en lo últimos dos años hasta 31,4 metros.  Sin embargo, esto aconteció sin ser primera página en los diarios, y así como suele suceder cuando un hábitat natural en el Perú sucumbe a la violenta intervención destructiva del ser humano, y por supuesto con la limitada actuación de las autoridades ambientales.

Hoy Chiclayo, Arequipa, Lima y sus alrededores, sufren pérdidas materiales y humanas, por eventos naturales que no supieron prevenir, y es que a decir de los expertos las acciones de prevención deben desarrollarse con años de anticipación e implica compromiso de los tres niveles de gobierno.  Si bien es cierto el Perú es un emisor menor de gases de efecto invernadero en comparación a las economías globales, los efectos del cambio climático lo afectan de igual o peor manera en tanto no se lleve a cabo una estrategia nacional ante el Cambio Climático.

El año pasado el Perú renovó su compromiso para el cambio climático en el Acuerdo de París, el mismo que trata esencialmente de reducir los 189 millones de toneladas de CO2 que normalmente emite nuestro país con tendencia a incrementarse.  Esta reducción de los gases de efecto invernadero pasa por acciones concretas de mitigación.  Sin embargo, es de esperarse que estos sean solamente acuerdos de bolsillo, si es que no se abordan primero, soluciones a problemas urgentes como la deforestación.

En promedio anualmente perdemos alrededor de 120,782 hectáreas mientras que entre el 2001 al 2014, fue de 118,077hectáreas.  De acuerdo al informe del Programa Nacional de Conservación de Bosques para la Mitigación del Cambio Climático, la deforestación se ha desarrollado en suelos con alta capacidad de uso forestal que ve disminuido su potencial de cultivo y uso agropecuario cuando el suelo se debilita y erosiona.    Sumada a la deforestación las consecuencias de la minería ilegal, están causando serios estragos al medio ambiente afectando la calidad de vida de las personas.

No hay que perder de vista que el primer recurso natural con peligro a escasear es el agua debido al alto riesgo de contaminación por las inundaciones lo cual dificulta su normal suministro, riesgo que se incrementa con los deficientes servicios de saneamiento con los que aun contamos sobre todo en zonas áridas con asentamientos poblados.   La tarea de prevención recién comienza, y esperamos que el Ministerio del Ambiente tenga un rol protagónico en el fortalecimiento de la estrategia nacional y de otro lado, el Congreso decida votar de una vez la ley de Cambio Climático y así poder desarrollar la política de cambio climático tan necesaria.  El tiempo apremia.

Elizabeth Zea Marquina

 

 

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