Punto de Encuentro

El transporte urbano de pasajeros: un caos

 

Por Roberto Rendón Vásquez

Por su extensión y por su población, Lima es considerada una capital importante en América Latina. No obstante, no se brinda un idóneo transporte de pasajeros. Es un desorden absoluto. En la mayoría de los casos, “las líneas” de “transporte” no siguen rutas racionales. Salvo en el centro, no tienen paraderos fijos y obligatorios; entre conductores de ómnibus y “combis” paran donde quieran (o ven una persona); en las esquinas anteriores a los semáforos no obstante a que tienen luz verde se detienen para llamar a viva voz a pasajeros, con lo que ocasionan embotellamiento del tránsito. Hacen “carreras” entre ellos para obtener “más pasajeros” y otras veces caminan a ritmo lento sin considerar los reclamos de los pasajeros y la obstrucción al normal tránsito de las calles o avenidas. Otro hecho que conmueve a la población es que cada “chofer” o “cobrador” no respeta las tarifas que anuncian sus empresas o estas tarifas son excesivas para los recorridos que señalan. Más grave aún, hay “cobradores” que entregan los boletos con precio diferente al que cobran al pasajero y muchas veces ni siquiera entregan boleto. Ante actos de abuso de los conductores no permiten que el pasajero llame a la policía porque donde hay uno de servicio, pasan incrementando la velocidad. El trato de los choferes y cobradores es totalmente irrespetuoso para el pasajero aun con niños y ancianos.

Ello evidencia que por muchos años no se ha proyectado una adecuada planificación para el transporte urbano e interurbano de pasajeros y no se ha tenido el valor de imponer normas legales específicas para ese servicio público. Los propietarios de esos medios de transporte pretenden imponerse al ordenamiento de ese servicio público.

Los corredores azul o morado, el tren eléctrico o el Metropolitano en algo superan esa anárquica situación en el resto del transporte citadino de pasajeros.  Las rutas son conocidas, racionales y virtualmente rápidas, hay paraderos fijos y prestablecidos, el monto de los pasajes es racional y se paga en lugares públicos. En muchas ciudades del mundo el usuario paga en casetas el valor de su pasaje (puede haber para varios viajes) y solamente “marca” en el ómnibus con su tarjeta por el servicio sin necesidad de cobradores.

 ¿Es posible ordenar el servicio local de pasajeros? Estimamos que sí. Entonces las autoridades competentes deben hacerlo. En sus planes deben dedicar un tiempo significativo para educar tanto a los propietarios, los choferes, conductores y a los pasajeros. Todos deben respetar las normas que se establezcan sin excepción para ese servicio público citadino.

 

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