Punto de Encuentro

Con ellas (tampoco) te metas

 

El movimiento feminista en el Perú ha tenido sendas victorias en el plano de libertades civiles y económicas, sin embargo, uno de los temas en agenda que -aún- está pendiente de resolver y promover es lucha por erradicar la violencia contra la mujer.

Según datos del Registro de Feminicidio del Ministerio Público, se registran cada mes un promedio de 10 mujeres asesinadas en un contexto de feminicidio (asesinadas por su ex pareja, feminicidio íntimo; y asesinada por un conocido o desconocido, feminicidio no íntimo), y tienen al “hogar” como el lugar más inseguro, dado que es donde ocurren con mayor incidencia los feminicidios.

Ahora bien, las cifras antes mencionadas son alarmantes; sin embargo, estos son los casos registrados en la fiscalía, lo que no refleja -necesariamente- el universo total de violencia contra la mujer, física y psicológica.   

Considero que todos conocemos -de una u otra manera- algún caso cercano de violencia contra la mujer. Ante ello, lo correcto sería preguntarnos sobre nuestra actitud frente a dicho problema, pero, esto no siempre resulta ser de nuestro interés, entonces, devenimos en ignorar y aceptar implícitamente estos actos violentos.

Ellas tienen derecho a desarrollarse dentro de un espacio libre de violencia, para lo cual se necesita destruir los paradigmas socioculturales que aceptan, justifican y naturalizan la violencia contra la mujer, esto no es otra cosa sino educar en igualdad y no discriminación, reivindicar al género femenino y que se promueva un respeto irrestricto hacia ellas, quienes deben gozar de los mismos derechos, privilegios y oportunidades que el género masculino.

No debe permitirse más violencia contra la mujer, por lo que debe promoverse espacios adecuados de debate público sobre el tema, y en particular en las escuelas, para que los ciudadanos del futuro puedan asegurar una sociedad más justa y plena. 

Incorporar en dentro de nuestro sistema normativo y doctrinal a la infidelidad como un supuesto de maltrato psicológico, esto a partir de una sentencia del Consejo de Estado de Colombia del 2015, donde se señaló lo siguiente: “la traición insistente y pública le generaba a la víctima un profundo dolor y sentimientos de tristeza, angustia e inseguridad, con consecuencias comprobadas científicamente en su salud física y mental”.

Hoy en día existen mujeres que permiten diversos tipos de abusos, algunas por desconocimiento y otras con pleno conocimiento de dichas acciones violentas, sin embargo, estas permiten que su agresor saque ventaja de su condición, sea porque no tienen los recursos económicos para independizarse o por sus propios paradigmas machistas que la “obligan” a permanecer al lado de dicho individuo. Esta no debe ser razón para soportar ningún acto de violencia, sino por el contrario, debe ser el punto de partida para empoderarse como mujer, y vivir a plenitud sus libertades, esto es, poder trabajar, emprender algún negocio, convivir en ciudadanía sin temor a ser reprimida y lo más importante tener la certeza de que ningún individuo podrá -eventualmente- disponer de ella.

La lucha por erradicar la violencia contra la mujer es ardua, pero el compromiso debe ser de todos los ciudadanos, sin ningún tipo de distinción. Este es un flagelo de nuestra sociedad, que nos impide desarrollarnos y -en particular- nos tiende a separar. Debemos emprender la lucha desde los niveles más elementales: los niños de las escuelas, quienes deben ser informados en temas de igualdad y no discriminación, ya que -como ciudadanos del futuro- son los llamados a promover una sociedad más justa e inclusiva.

 

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