IMPUNIDAD es la sensación de la gran mayoría de peruanos tras ser testigos de una caravana fúnebre organizada por la Asociación de Familiares de Víctimas de Genocidio (Afadevig) , llevando cuerpos de terroristas hacia un camposanto, con arengas y carteles que clamaban “amnistía general” “solución política”, llevando un banner que a la letra decía “por la imborrable memoria histórica de los prisioneros del Frontón, Lurigancho y Callao”, además de una bandera con la hoz y el martillo y la fotografía de Abimael Guzmán. Todo esto, registrado en un video que está dando vueltas por internet, y las autoridades, que al parecer no han visto este video, dicen “que no constituye apología al terrorismo”.
Es que ya estamos acostumbrados a sentir que las normas no solo están pintadas, sino que a veces juegan en pared con las autoridades. Así sucedió gracias al Decreto Legislativo 927 (hoy derogado) dado en el gobierno de Alejandro Toledo, que permitió salir de la cárcel a terroristas que ni siquiera fueron sentenciados a cadena perpetua. Hoy terroristas como Peter Cárdenas y Carlos Incháustegui están libres, sin muestras de arrepentimiento, sin pagar las indemnizaciones a las víctimas, porque “pobrecitos no tienen recursos económicos”, y algunos de ellos, con fallos de la Corte IDH en sus manos, porque se vulneró su derecho al debido proceso, y que los hace acreedores de reparaciones económicas.
Cuando se habla de terrorismo la disquisición terminológica de si es o no es igual a “conflicto armado interno” debe pasar a un segundo plano, porque en ninguno de los dos escenarios se puede admitir un Estado inerte, indiferente e inconsecuente con sus políticas antiterroristas. Lo que importa es ¿Qué se está haciendo frente al rebrote del terrorismo? Claro, partiendo de la idea que a las autoridades no les queda duda de ello. Si el caso del video, no constituye apología terrorista - aunque aún me queda la duda frente a la bandera con la hoz y el martillo presente en el entierro de los terroristas - entonces habría ya que echar mano a revisar el artículo 316 del Código Penal, y si hemos liberado a terroristas, ya debería existir toda una maquinaria de inteligencia que les permita hacerles seguimiento de por vida.
La tipificación del delito de apología del terrorismo se muestra difícil de aplicar ante el escenario descrito pues este se configura solo a partir de un acto expreso y concreto de alabanza y propaganda terrorista, de lo contrario podría vulnerarse la libertad de expresión teniendo en cuenta, además, los limites ya desarrollados por el Tribunal Constitucional. Sin embargo, es cierto que en un Estado de Derecho se debe cuidar bien no vulnerar derechos a costa de la primacía de otros, pero tomando en cuenta siempre que ningún derecho es absoluto, tal como sucede con la libertad de expresión. Así de acuerdo con lo manifestado en más de una ocasión por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos no configura violación a la libertad de expresión “si los actos ofensivos tienden a propagar violencia u odio, utilizan medios no legales o no democráticos, animan al recurso de la violencia, minan el sistema político democrático y pluralista o persiguen objetivos racistas o propios para destruir los derechos y las libertades ajenas”.
Pero y ¿qué pasa si estamos ante familiares, amigos o simpatizantes de terroristas que niegan sus acciones criminales? Una parte del video dice “ellos han entregado su vida en una causa justa y correcta” “dejaron un ejemplo para todos a seguir su camino”. Pues bien, en el Perú, como en muchos países, el negacionismo no está penado. Es decir a aquel que niega los actos, la época de barbarie terrorista, y pasa por alto los miles de peruanos masacrados y asesinados, justificando su muerte en ideales terroristas, no le pasa nada.
No olvidemos que hace unos años, la misma DIRCOTE dio cuenta de la infiltración de senderistas liberados en los colegios y universidades, y que se mueven tras fachadas de asociaciones y federaciones que intentan inscribirse como partidos políticos. La prensa se está encargando de revelar videos, nombres y testimonios de personas que dan cuenta que hoy más que nunca, el terrorismo está presente, listo para atacar de nuevo. Obviamente, no se presentarán en un salón de clases ni escribirán en un Acta de constitución social, sus ideas de tomar las armas de la violencia y el odio ni que pretenden liberar a Abimael Guzmán, ni pedirán la amnistía de sus sanguinarios “presos políticos”. Eso no pasará porque ellos saben cómo envolver a nuestros jóvenes, ¿es que no aprendimos la lección del pasado? ¡YA PUES, DESPIERTEN SEÑORES! ¡QUE EL LOBO AVANZA CON PIEL DE CORDERO!