TRIVIALIZAR es el verbo que mejor describe lo que trata de hacer la señora María Luisa del Río con su columna en Perú 21 donde minimiza el acoso – porque así se llama, ACOSO SEXUAL- que han sufrido algunas mujeres en redes sociales por el escritor Gustavo Faveron, donde las conversaciones evidencian el hostigamiento con propuestas sexuales, frases obscenas e insistentes a las destinatarias de estas conversaciones. Eso de comparar el acto mismo del acoso en redes con la prohibición de playas nudistas en Berlín por una supuesta intolerancia, da la sensación que lo ocurrido no es más que un hecho escandaloso producido por la intolerancia exagerada de las denunciantes.
La señora Del Río llama a lo sucedido “inquisición a Faverón” como si fuera orquestado e intencional acusarlo “sin pruebas oficiales” restándole valor a los pantallazos de Messenger difundidos en redes sociales. Si bien podemos coincidir en el punto que exponer conversaciones personales por un medio que no sea el judicial, sin el consentimiento de la otra parte puede ser tomado como una invasión a su intimidad, eso no las desacredita en su origen ni contenido por ser “pantallazos”, ni deben ser calificados como “truco digital” pues eso solo se podrá demostrar en un proceso judicial.
Las redes sociales son hasta hoy espacios no regulados en el Perú, espacios públicos donde la libertad de opinión y expresión muchas veces pisan la delgada línea del honor, la buena reputación y la vida íntima de las personas, pero también hay que reconocer que son un mecanismo efectivo de denuncia ciudadana, y que como sucede en el natural juego de la oferta y la demanda de la información/comunicación, sus “fallas” se someten al arbitrio de las reglas de juego impuestas por los administradores, que te dan salidas inmediatas como el “bloqueo” o “eliminar de tus contactos” frente a cualquier comportamiento incómodo, irrespetuoso, o hasta “faltoso” de los cibernautas.
Sin embargo, las soluciones técnicas que nos dan las redes, no desaparece el hecho en sí del acoso sexual ni le quita la responsabilidad al acosador. No es que las destinatarias lo soluciones bloqueando al sujeto, sino que estamos ante un hecho que ninguna mujer debe “tolerar” que le digan “te quiero dar vuelta” o “quiero ser el primero que te dé por el c…”, y que parte de “no permitirlo” no solo es el bloqueo sino también la denuncia, y siendo el caso que es una conducta que Faverón, al parecer, lo ha tenido de forma constante y reiterada con las agredidas.
Entonces, si comenzamos a pensar como la señora Del Río, ahora las víctimas de violencia sexual, deben “evitar” para que no les pase: si te acosan en tu trabajo, renuncia, si te quieren “meter” la mano al pasar por una calle, cruza la pista. Amiga, déjalo ser al agresor, que vaya por la vida acosando, metiéndole la mano, violando a “otras”, con tal que no sea contigo, ¿cuál es el problema? ¡Bloquea nomás! ¡No pues, señora Del Río! usted marchó con nosotras, ¿recuerda? Todas las mujeres unidas, EN SOLIDARIDAD, por las que fueron y son víctimas de cualquier tipo de violencia.
Con cada denuncia de este tipo de casos, se visibilizan los tipos de violencia y a los agresores, y hace que las autoridades tomen cartas en el asunto. Actualmente, existe una nebulosa en la configuración del delito de acoso sexual en el espacio digital, pues los escenarios pasibles de sanción penal se configuran en ambiente laboral o donde exista una relación de dependencia con ejercicio de poder o coacción sobre la víctima, razón por la cual se hace necesaria que la Ley N° 30314 Ley que previene y sanciona el acoso sexual en espacios públicos-de la cual está pendiente su reglamentación- amplíe su ámbito de aplicación al espacio digital, en tanto hoy en día es el espacio público de mayor convergencia social. A estas alturas, no está de más recordarle a la ministra de la Mujer y al Congreso que el Estado Peruano tiene obligaciones internacionales contraídas por tratados de derechos humanos, como la Convención Belén Do Para ratificada hace 10 años, que exige que se promulguen leyes y se sancione el acoso sexual para proteger el derecho a las mujeres a no ser objeto de ningún tipo de violencia.
Como era de esperarse, Faverón ha cerrado todas sus cuentas de twitter y Facebook en respuesta a las denuncias de las agredidas. Faverón, hoy ya no empuña la bandera de la moral y la ética, su dedo acusador ya no se alza como cuando lo hizo con Álamo Pérez Luna, en un caso muy similar del que ahora él es el protagonista, hoy la lengua mordaz se enrolló. ¿Acaso de manera tácita acepta su responsabilidad? Y sorry, como yo no soy #FaveronLover “interpretaré su silencio como un sí”.