Participar en el I Curso de Relaciones Internacionales organizado por el Centro de Estudios de Relaciones Internacionales de la Facultad de Derecho de la Universidad San Martín de Porres, me permitió observar de manera más objetiva un fenómeno que se ha manifestado durante la historia de las relaciones internacionales: la celebración de tratados de libre comercio (TLC).
Estos acuerdos comerciales tienen como objetivo ampliar el mercado de bienes y servicios entre países, crear condiciones para que, gracias a las transacciones comerciales que se realicen, se propicie el acceso a la educación, trabajo y a una economía estable. Asimismo, también ofrecen soluciones a conflictos producidos entre las partes de dichos acuerdos.
A pesar de lo expuesto, son diversos los argumentos por los cuales existe oposición frente a estos tratados. A lo largo de los últimos años, estos tratados han causado debates, encontramos ejemplos como: El TLC entre Estados Unidos y República Dominicana, el Acuerdo de Asociación Transpacífico o TPP por sus siglas en inglés, el TLC entre Colombia y la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA), entre otros.
Los principales argumentos empleados son: ser tramitados de manera secreta; por lo tanto, ocasionan dudas en la población sobre una posible inexistencia de equidad en las importaciones y exportaciones entre los países y se puede llegar a creer que sólo se benefician sectores económicos dominantes, aumentando las desigualdades. En ese sentido, la oposición se basa, en la mayoría de los casos, en la diferencia que existe entre las propuestas de modelos económicos a los cuales se aspira como paradigma de desarrollo; ya sea de economía planificada (izquierda) o economía de mercado (derecha).
Finalmente, si bien existen discrepancias en las formas de pensar, no todos los acuerdos significan desventajas como algunas veces se aclama; por el contrario, implican beneficios, tales como: formar industrias de alta tecnología, reducir la tasa de pobreza y desempleo, desarrollo de la educación, promueve la inversión nacional y extranjera y la inclusión del país a la economía mundial. Por lo tanto, todo tratado debe ser evaluado de manera exhaustiva y cuidadosa por los países para obtener resultados satisfactorios no sólo en su economía, sino también en todos aquellos sectores que le permitan mejorar el estándar de vida de sus habitantes.