Ayer mi enamorado y yo bajamos de un taxi y al pagarle, él se despide del taxista con un “¡que tenga suerte!”
En el Perú es una costumbre de buena onda desearle al prójimo suerte en todo. Deseamos que la suerte (o Dios, según sea el caso) ilumine su camino y les dé una ayudadita para avanzar por la vida.
Pero no todo en la vida se basa en la suerte. También hay que esforzarse.
En Japón, más bien, no existe la suerte. Existe el “ganbatte”.
“¡Esfuérzate!” o "¡Haz tu mejor esfuerzo!" sería la traducción de esa palabra. Se usa en muchos casos, casi siempre en los mismos casos en que usaríamos el “¡Que tenga suerte!” aquí en el Perú.
Cuando alguien está emprendiendo un nuevo proyecto o trabajo, en Japón se acostumbra decir “¡ganbatte!” O cuando un escolar está estudiando para su examen final, también se le anima con un “¡ganbatte!”
Y si recordamos el ejemplo del taxista, un “¡ganbatte!” no le caería nada mal en lugar del “¡Que tenga suerte!”
En occidente, tomaríamos a mal el “ganbatte”. “¿Tanto me he esforzado para que me digan que me esfuerce más?” sería la respuesta a la defensiva que diríamos muchos.
Pero no siempre tenemos que ser mal pensados. Desear a alguien “ganbatte” es reconocer el propio esfuerzo que están haciendo y alentarlos a que sigan esforzándose para que alcancen sus metas. Eso es mejor que dejarlos a su suerte. Y es más realista.
Actualmente, la filosofía del ganbatte se aplica en occidente, porque no todo es cuestión de suerte. En las redes, podemos escuchar tantos casos de personas exitosas que lograron levantar sus propios negocios y empresas prácticamente de la nada y con muchos obstáculos y puertas que se cerraban delante de ellos. Pero aun así avanzaban, a paso lento, en algunos casos.
¿Cuál fue su secreto? Fácil: esforzarse y trabajar duro, ser perseverante y levantarse mil veces cada vez que caen.
La vida no es fácil y la suerte no siempre está con nosotros en el momento que más la necesitamos. Así que, ¿por qué esperar a que la suerte nos cambie la vida?
Realmente, las cosas que uno quiere alcanzar, no se hacen con magia o solo esperando a la suerte y ayuda del destino. Se consiguen con el propio esfuerzo para que así nos vaya bien en todo y la buena suerte nos acompañe.
¡Ganbatte!