Punto de Encuentro

Detrás del monumento a Manco Cápac

Unos días más y ya celebraremos un aniversario más de nuestra independencia. Pero también, este año se conmemora los 90 años de la inauguración del monumento a Manco Cápac. Sí, es el mismo monumento que actualmente podemos observar en la plaza del mismo nombre en La Victoria.

La historia de este monumento tiene una estrecha relación con las fiestas patrias de antaño y la colectividad nikkei(*). Seguramente muchos de nosotros sabemos de su historia, pero ¿por qué no volver a recordarla?

Hace 90 años atrás, el Perú estaba de fiesta. Era el año de 1921 y se celebraba el primer centenario de su independencia. Se realizaron diversas actividades y entre ellas, figuraba la donación de monumentos y esculturas por parte de las colonias extranjeras radicadas en Lima.

La colonia japonesa escogió a Manco Cápac como el personaje central de su donación, por la similitud de características en cuanto a su leyenda y origen según la cultura japonesa. Se recaudó fondos y tras muchos imprevistos y cinco años de espera, en 1926 se inauguró el monumento a Manco Cápac. Su primera morada fue el cruce de las avenidas Grau y Santa Teresa (hoy avenida Manco Cápac), antes de mudarse a su ubicación actual.

Pero en torno a este monumento, hay un par de anécdotas que podrían ser, en realidad, simples rumores.

Una supuesta suplantación de identidad es uno de ellos. Algunos afirman que el personaje que está representado en este monumento no es Manco Cápac. Se trata, más bien, del cacique mexicano Cuitláhuac (algunos dicen que es Cuauhtémoc), que por error fue cambiado y que el “verdadero” Manco Cápac estaría en México. Una confusión del escultor, de quien se dice que fue el mismo que hizo ambos monumentos.

Pero cotejando datos, a simple vista es un rumor sin fundamento. Pero resulta curioso escucharlo, ¿no?  

“El inca que era Manco y Encima… Capao”, es el otro rumor. [1] Nacido de la confusión, es un rumor que, más bien, fue una anécdota que se convirtió en un “chiste de escultores” por aquella época.

Se cuenta que no toda la colonia japonesa estaba de acuerdo con donar el monumento a Manco Cápac. Hubo uno que se opuso rotundamente. “¡Tanto gasto por un personaje que además de manco, era "capao!", habría dicho.

Ya me imagino la escena. Con un pobre dominio del español, el japonés que se opuso al obsequio habría confundido la palabra “Cápac” con “capao” (o “capado” en buen castellano).

Bueno, rumores vienen y van. Así como los años, que pueden hacer que uno olvide un recuerdo o hacer que una simple anécdota de aquellos años sobreviva al paso del tiempo y ¿por qué no?, traer a la memoria un monumento que a veces pasa desapercibido, sobretodo en estas fiestas.

 

(*) nikkei: descendiente de japoneses.

FUENTE:

[1] MATSUDA, Samuel. Andando 75 años por los camino del Perú. 2014.

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