Estamos a punto de terminar una de las campañas presidenciales más agresivas y con reducidos espacios de debate alturado, entre candidatos y adláteres con abundante “anti” en sus discursos e intervenciones confrontacionales ante la prensa, una prensa que también puso su grano de arena al contarnos historias de villanos, justicieros patriotas y víctimas del pasado, que nos pone en una situación de urgencia real: ¿por quién votamos?
De acuerdo a las últimas encuestas, el voto entre blanco, viciado e indeciso puede llegar hasta un 14%, frente a lo cual es válido preguntarnos si a estas alturas, sirve de algo que cambien de estrategia, o que afiancen sus posiciones respecto de sus propuestas centrales, considerando que éstas casi no han conectado con la población.
Entre los temas del próximo debate, donde las propuestas deben tomar más cuerpo y en las que creo, el elector podría inclinar la balanza a favor de uno u otro, se encuentran la seguridad ciudadana y la corrupción. En el tema de seguridad ciudadana ambos ofrecen buenas alternativas relacionadas a la implementación de la Policía Nacional- como la propuesta de Pedro Pablo Kuczynski de fortalecer la inteligencia policial y descentralizar la investigación criminal- y medidas preventivas- como la propuesta de Keiko Fujimori que ofrece penalizar los delitos menores con trabajo comunitario y controlar la reincidencia. En el caso de la corrupción, destacan propuestas como la de PPK y la “muerte civil”, es decir no ejercerán cargos públicos los condenados por corrupción de funcionarios, y el fortalecimiento de la Contraloría General de la República.
Hay que reconocer que el momento de comunicar el “cómo” de las propuestas fue el debate de técnicos pero, se perdió la oportunidad, pues emplearon un lenguaje nada accesible para el televidente y puyazos que distraían la atención de los temas centrales. En el segundo debate, los candidatos decidieron seguir el mismo ejemplo, dejando de lado el contenido esencial de las propuestas. Las redes sociales se llenaron de haters que disparaban mensajes dirigidos a socavar honras, reputación e imagen de los candidatos. Y de las propuestas, nada.
Al terminar de escribir este artículo, estaremos a un día del último debate, esperemos las cosas cambien, y por fin nos den a conocer a fondo su agenda para resolver los principales problemas que aquejan el país, con un discurso que incluya también las demandas de las minorías. Esperemos que el Presidente, ministros y correligionarios, cumplan su deber de no interferir con discursos dirigidos a favor o en contra de cualquiera de los candidatos. De repente estoy pidiendo peras al olmo, pero creo que no deben terminar esta campaña entre las cuerdas, es momento de terminar comunicando propuestas.