Mientras se acerca el momento de escoger al próximo presidente o presidenta de nuestro país, parece que nos hemos quedado sin gobernante. Al parecer, quien pusimos hace casi cinco años atrás, sólo sale esporádicamente para defender a la que, aparentemente, ha manejado todos estos años las riendas de nuestro Perú: Su esposa, la primera dama, quien se ha enfrentado ante múltiples denuncias; ¿Humala se habrá olvidado que aún es Presidente hasta el 28 de Julio?
Nuestras calles ya parecen tierra de nadie. Este es un aspecto del actual gobierno que descuidó desde el inicio y por el que la ciudadanía no le otorga ni 10% de credibilidad, según la estadística recogida en el último mes.
La inseguridad ha llegado a niveles inimaginables durante años pasados. Hace unos días escuchaba a un representante del gobierno decir que “lo mejor durante un robo o asalto era entregar todo para salir ilesos”; sin embargo, parece que este acto de rendición ya no es suficiente para salvar la vida, pues si lo que tienes no les basta a los delincuentes igual te agreden, te acuchillan, te disparan, incluso llegan a cobrar la vida de inocentes trabajadores, universitarios, mujeres y niños.
¿Acaso ha formado parte del desinterés de este gobierno buscar soluciones ante un problema tan escabroso como el que estamos atravesando? Todo parece indicar que sí.
Tenemos en nuestra fauna política: desde un ministro del Interior que aparece y desaparece, que en lugar de fortalecer a la policía en su lucha contra la inseguridad ciudadana, les reduce los ingresos privados al eliminar el 24x24 y deja desprovista de resguardo la ciudad por falta de policías en las calles; hasta un presidente que no sabemos dónde está. Al parecer el compromiso de luchar contra la delincuencia, que en su momento fue su caballito de batalla, le quedó demasiado grande y sabemos que no fue lo único que excedió sus estrechos límites.
Estos días, hemos visto y escuchado, muchos con verdadero dolor, cómo la delincuencia cobraba victima tras víctima, ¿alguien sabe si Ollanta puede dormir tranquilo? ¿Si Nadine sigue comiendo sus chocolates Godiva o comprando ropa de diseñador, sin remordimiento alguno, mientras nosotros no podemos caminar sin temor? No todos los ciudadanos tenemos la seguridad de la que hace gala la familia del presidente o de los ministros y que es necesaria. Pero que también es imprescindible para todos los peruanos.
La última víctima (hasta ahora) ha sido un escolar de 17 años; asesinado de dos balazos frente a su familia en San Juan de Lurigancho, pese a haber entregado toda lo que consiguió con esfuerzo. Un día antes un estudiante de la Universidad San Marcos que fue baleado en el cercado de Lima para arrebatarle sus pertenencias. Antes de eso, cuatro cambistas fueron asaltados, dos de ellos heridos.
Antes, dos jóvenes de 18 y 19 años asesinados en Villa El Salvador, uno de ellos por resistirse al robo de su celular. Además, un estudiante de 18 años fue asesinado en San Borja por defender a su enamorada de un robo.
Un recuento de horror, ante el horror del desinterés estatal. ¿Cuántas víctimas más, señor presidente? Sólo piense, Presidente: Jóvenes estudiantes y trabajadores, con futuros prometedores, con sueños y metas. Familias destrozadas.
Mientras tanto, ¿Dónde está usted, presidente? ¿Dónde está el ministro?