Punto de Encuentro

¡Ya para qué!

En las últimas semanas, y entre las idas y vueltas del Jurado Nacional de Elecciones, hemos visto que unos actores -ajenos al proceso electoral- han adquirido mayor notoriedad, nos referimos a las encuestadoras.

El elector se encuentra al pendiente de los nuevos resultados de las encuestas, y con ello poder formarse una opinión del escenario político actual. Sin embargo, el problema surge cuando las cifras resultan tener un carácter tendencioso y manipulador, esto es, cuando orientan de manera indirecta el voto.

Los ciudadanos empiezan a decir cosas como: “Mi voto era por X, sin embargo, al no aparecer dentro de los primeros lugares de la encuesta, mejor cambio mi voto, total, no va a ganar mi candidato”, o, por el contrario, se generan fanatismos como: “Mi candidato está dentro de los primeros lugares, y aquellos que voten por los candidatos de menos porcentaje tendrán un voto perdido”.

Entonces, suele generarse un desequilibrio dentro del proceso electoral, dado que los primeros lugares de las encuestas sienten legitimada su candidatura, y hasta se atribuyen mayores derechos que el resto de candidatos. Esto resulta perjudicial para el sistema democrático, ya que el Estado debe garantizar el principio de igualdad y que el escenario electoral no se vea distorsionado por actores ajenos al mismo.

Pasemos a otro escenario. Con la alta tasa de confianza que señalan las encuestadoras en sus fichas técnicas, no sería más conveniente convocar una licitación, y encargar el proceso electoral a alguna de las encuestadoras, es decir, el ahorro sería tremendo, ya que los S/ 130 millones de soles que presupuestó la ONPE se verían reducidos considerablemente, y no tendríamos que acudir a los centros de votación, ya que las encuestadoras se encargarían de recoger tu voto (según la muestra con 95% de confianza), y veríamos reflejado el voto de aproximadamente 23 millones de electores hábiles en una muestra de 1500 a 5000 personas.

¿Ya para qué asumir el costo que supone el proceso electoral, tanto para el Estado, así como para los electores? Sin embargo, esto no es así, no podemos delegar el derecho que tenemos los ciudadanos a ejercer nuestro voto.

Tampoco se debe permitir que las encuestadoras orienten el voto de aquellas personas que por desinterés o rechazo a la política no quieran informarse de las propuestas de los candidatos, ya que de eso debería tratarse la contienda electoral. 

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