Punto de Encuentro

Huyendo de la muerte: La aparición de hospitales en el Perú

El hombre, como ser social, ha creado varios espacios en donde se relaciona, se instruye, reza para acercarse a Dios, y como ser mortal, responde a algo básico: la supervivencia, desea seguir existiendo, trata de eliminar los dolores de su cuerpo, por ello busca cuidar, proteger su vida,  o en último caso tener una buena muerte, estas ideas envueltas con la moral cristiana nos da el hospital en la colonia.

La llegada de los españoles a estas tierras, no sólo implicó su arribo físico, sino que incluyó toda su estructura mental. Hombres creyentes en la fe cristiana, portaban dentro de su mente muchos pasajes bíblicos al igual que los preceptos de la Iglesia Católica. Aquella moral cristiana fue lo que a los gobernantes españoles les impulsó a fomentar la asistencia social en la otrora naciente Colonia. Esta asistencia se concretizó en la construcción de los hospitales.

Por ello, junto con las nuevas realizaciones urbanísticas, comienzan las construcciones de los primeros hospitales1, por ejemplo tenemos en el S. XVI al Hospital de la Rinconada de Santo Domingo, el Hospital de Santa Ana de los Naturales, el Hospital de la Ciudad o real Hospital de San Andrés, el Hospital de San Lázaro, el Hospital del Espíritu Santo de los Marinos, el Hospital de Convalecientes de San Diego, el Hospital de San Pedro de Sacerdote.

Cabe resaltar que al fundarse estos hospitales, muchas veces funcionaron sólo como una casa de recogimiento para una “buena muerte”, la idea de operaciones dónde se debía abrir un cuerpo era inimaginable. La medicina que brinda la curación estaba muy lejana.

El estado de la medicina en el  Perú era angustioso. La enseñanza de la  medicina era principalmente teórica. Existían muy pocos médicos lo que hacía del virreinato el paraíso de los charlatanes y  la ignorancia.

No es hasta el S. XVIII,  siglo ligado a las ideas de la Ilustración, cuando el cuerpo humano sufrió la desacralización en el ambiente intelectual, lo que conllevó a que los estudiosos del Virreinato Peruano se animen a hurgar en el cuerpo humano mediante la disección de cuerpos.

El lugar del gran cambio fue el Anfiteatro de San Andrés (ubicado en Barrios Altos). Durante el siglo XVIII, la disección de cadáveres para el aprendizaje de la medicina, adquirió gran importancia y difusión. Es en este contexto, que se opta por la construcción de un anfiteatro anatómico en el Hospital de San Andrés en 1753. Pero es en 1780 cuando la Universidad de San Marcos nombró una comisión para que lleve a cabo las instrucciones reales.

Así, en 1789 el anfiteatro anatómico vio la luz gracias a la gestión de Hipólito Unánue, a partir de entonces los estudiantes de medicina pudieron aprender sobre las características del cuerpo, ya no sólo en teoría sino en la práctica.

En síntesis, alegrémonos por los avances de la ciencia a lo largo del devenir histórico.

 

1 LASTRES, Juan B. (1951). Historia de la medicina peruana. Vol. II. Perú: Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Pág. 40.

 

 

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