Punto de Encuentro

La quita que te tumbo, el poder y los políticos

14 Septiembre, 2015

Juan Biondi

Era la quita que te tumbo. Nadie (o muy poca gente) sabía su nombre. Para todos, hasta para sus amigas, era la quita que te tumbo (así con el artículo “la” delante). Y a nadie le interesaba su nombre.

 

Era la quita que te tumbo. Caderona. Guapa. Rumbosa. Ninguna persona podía pasar junto a ella. Su cuerpo ocupaba la vereda. Si alguien intentaba ir junto a ella, “quita que te tumbo”.

 

Vestidos y faldas de la época. Años cincuentaitantos y sesentas. Falda campana apretada en la cadera o falda tubo, mejor aún.

 

La misa del domingo. Vestido formal, pero ceñido. Raje de las señoras decentes. “Qué se habrá creído la quita que te tumbo para venir así a misa” “Parece una copetinera. Debía ir a un bar si quiere que los hombres la miren”. “Mejor sería que no saliera de su casa”.  

 

Ella no era consciente de todas estas habladurías. No era consciente del quita que te tumbo. En su vieja casa de clase media hacía las labores comunes de una mujer en ese tiempo. Vivían, ella y su madre y hermana, de la renta que les daban un par de propiedades también viejas que habían heredado. Iban sus amigas a tomar lonche y chismosear en torno a una taza de té y chancayes con mantequilla y queso.  

 

La ropa “apetitosa” tampoco era intencional para que la miraran los hombres. Así se ceñía a su cuerpo. Y así le parecía que se veía bien. Su rumboso caminar era natural. Sus caderas se balanceaban al mover las piernas.

 

Nunca tuvo enamorado. Casi nadie se atrevió a cortejarla. Murió soltera (probablemente virgen) en su vieja casa.

 

No se cumplió lo que decían las decentes (“¿cuántos hombres tiene o irá a tener?”), los esposos (“yo la próxima semana agarro a la quita que te tumbo”),  o los palomillas (que al verla venir gritaban a sus amigos: “quítate que viene la quita que te tumbo”, “qué rica está”, “Perico o Coco ya van a afanarla”).  

Los políticos peruanos son, pero esta vez sí con consciencia, unos quita que te tumbo. No Alan García, que tumbó a todos con su sola presencia antes de entrar en el camino. Pero sí el resto. A un candidato de un partido solo le falta decir “quita que te tumbo” al de otro partido. Y no solo entre partidos diferentes. Dentro del mismo partido. Ahora que deben hacer elecciones para elegir al candidato presidencial o al jefe del Partido. Basta ver al PPC. Beingolea y Castro. O a otros: Yehude y Verónika, Urresti y Jara.

 

¿Diálogo? ¿Concertación? ¿Para qué? Es perder el tiempo. Mejor quita que te tumbo.

 

La famosa soledad del poder. Se tenga, se quiera tener o se crea que se tiene. Yo voy solo por el camino. Debo ir solo. El resto o se quita o lo tumbo. Aun los amigos.

 

Y así, el que tiene poder (o cree tenerlo) acaba solo. ¿Y, cuando termina el poder o la ilusión de poder? Soledad en vida. Por lo menos la quita que te tumbo tuvo amigas en vida y la soledad llegó con la muerte. No vivió sola. Su poder (ir sola en la vereda porque “quita que te tumbo”) le pertenecía por derecho propio.

 

 

NOTICIAS MAS LEIDAS