Punto de Encuentro

POR UNA MARCHA ANTI CORRUPCIÓN LIMPIA DE CORRUPTOS(AS)

13 Febrero, 2017

Francois Novaro

 

En un artículo anterior señalé que la caída del Muro de Berlín en 1989 significó, por rebote, la debacle ideológica y política de la izquierda comunista latinoamericana, auto diseñada desde los años 30 hasta los años 90, como una facción colonial de Moscú (pro soviéticos), Pekín (Maoístas) o París (Trotskistas).

Frente a esa debacle, en nuestro país, esta izquierda autoritaria abandonó organizacionalmente los partidos políticos y fugó esencialmente hacia las ONGs, impulsando una especie de militantismo “light”, bastante infantil y maniqueo, el mismo que perdura hasta ahora (por ejemplo, básicamente ese es el origen del “debate” entre las Onegistas Glave y Mendoza y la apuesta de Arana por construir un verdadero partido político). Sin embargo, este desplome de las organizaciones políticas de izquierda realmente existentes requería construir un discurso que justifique ese paso y –a la vez- sirva de arma ideológica contra sus adversarios políticos. Ese discurso fue el discurso moral, con lo que retrocedió la naturaleza de la acción política a la división maniquea de la sociedad en buenos y malos, a cerrar los espacios de debate y negociación.

Ese “discurso moral” sirvió a Lula, Chávez, Evo, Correa, Ortega, etc. para llegar al poder. En el Perú el discurso lo levantó un comandante implicado en la violación de DDHH: Ollanta Humala, acompañado de Nadine Heredia. ¿Recuerdan su principal slogan?: honestidad para hacer la diferencia.

Pero como señalaban pedagógicamente desde siempre los viejos maestros anarquistas, el acceso al poder corrompe, máxime si el discurso de marras sólo ha sido una estratagema ideológica y no una real opción ética, personal y colectiva. 

Por ello, la inmensa fuerza de la realidad desenmascaró a estos delincuentes vestidos de luchadores sociales. El acceso al poder descubrió su verdadera naturaleza personal y social. Una vez que tomaron el poder, desde el Foro de Sao Paulo básicamente, ex guerrilleros y miles de dirigentes de izquierda, entraron al Estado para saquearlo, asociarse de forma delictiva con las empresas privadas, e implementar una organización político-empresarial criminal, con dos objetivos:

  • Financiar ilegalmente la elección de todos los candidatos de izquierda en América Latina (Ollanta, Evo, Bachelet, Ortega, Kichner, Correa, Maduro y Santos como tonto útil);
  • Establecer un sistema de robo y coimas organizado de forma empresarial, para esquilmar a los Estados y levantarse los fondos públicos de todos estos países.

En el Perú, al igual que un sicario o un ladrón de billeteras se excusa ante los periodistas y las cámaras con un “yo no he sido señorita”, el discurso moral fue y sigue siendo, una herramienta por imponer a la sociedad peruana, una presentación falsa de la realidad social y política, al margen de las evidencias y de los hechos fácticos, pretendiendo liberarlos de responsabilidades. Por eso Mónica Sánchez llora en una conferencia de Prensa o Verónika Mendoza no reconoce su letra, y después si la reconoce, en las agendas de Nadine. Con este fariseo discurso moral, buscan desesperada y dramáticamente que no haya rendición de cuentas, que es lo principal que debe funcionar en una democracia moderna. Pero la fuerza de la realidad cada vez hace más evidente las contradicciones justamente “morales” de la izquierda peruana y latinoamericana.

En estos momentos socialmente oscuros y de podredumbre y putrefacción moral, en que estos corruptos están hundiendo a los peruanos, tomo la cita que el Profesor Grover Pango que nos recuerda del gran Maestro Basadre en su último Scopio (1):

“La promesa de la vida peruana (…) ha sido a menudo estafada o pisoteada por la obra coincidente de tres grandes enemigos de ella: los Podridos, los Congelados y los Incendiados. Los Podridos han prostituido y prostituyen palabras, conceptos, hechos e instituciones al servicio exclusivo de sus medros, de sus granjerías, de sus instintos y sus apasionamientos. Los Congelados se han encerrado dentro de ellos mismos, no miran sino a quienes son sus iguales y a quienes son sus dependientes, considerando que nadie más existe. Los Incendiados se han quemado sin iluminar, se agitan sin construir.  Los Podridos han hecho y hacen todo lo posible para que este país sea una charca; los Congelados lo ven como un páramo; y los Incendiados quisieran prender explosivos y verter venenos para que surja una gigantesca fogata. Toda la clave del futuro está allí: que el Perú se escape del peligro de no ser sino una charca, de volverse un páramo o de convertirse en una fogata. Que el Perú no se pierda por la obra o la inacción de los peruanos.”

Ciudadanos libres, jóvenes universitarios, militantes de los más diversos partidos políticos, peleemos para que las banderas de la lucha contra la corrupción no sean levantadas por “los podridos” y “”los incendiados”. Hagamos que la marcha del 16 no sea una farsa más; una estratagema por cubrir-justamente- a parte importante de los responsables políticos de la mega corrupción que recién vamos desmadejando y descubriendo como sociedad.

Fuera los corruptos de cualquier tienda política: sí, por supuesto. Fuera también los cómplices silenciosos, los fariseos, los que impulsan una doble moral, los que participaron firmaron o vieron los actos de corrupción.

Los jóvenes no pueden ser carne de cañón de los actores políticos que avalaron, respaldaron y ejecutaron de manera tan vil y delictiva la mega corrupción en América Latina.

(1)      Scopio N° 316, Grover Pango, 9 de Febrero 2017

François Novaro.

Abogado y Analista Político

 

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